Capitulo 12

Primera Parte

En realidad no sabía si Alex estaría en casa, siquiera le llamo a Ashley para avisarle. Solo contaba con su instinto, y rezaba para que no le fallara. Necesitaba imaginar, por unos instantes, que todo estaba bien con su hermano. Era el único quien podía escucharle, y tal vez ayudarle a recordar. Sentía confianza con Ashley, pero en su mente su único y eterno amigo era Alex. El otro día, le dijo que tenía que permitir que Alex pueda acostumbrarse a la nueva relación que llevaban. Pero, ¿qué tanto tiempo le llevaría? ¿y como iba a acostumbrarse si ella se mantenía alejada?
No solo necesitaba que le aclarara algunas cosas, sino también, que un abrazo de su parte, podría hacerle de mucha utilidad.

Parecía que la suerte estaba de su lado. Vanessa sonrió feliz, al ver un auto aparcado fuera de la casa. Al menos había alguien en casa. Se acercó a la puerta, sintiéndose nerviosa. Los mismos nervios de hace años, cuando tan solo tenia quince años, y por primera vez los Tyler le trajeron de visita. En esos años ella siquiera se imaginaba que la adopción iba completarse. La fe de un niño podía perderse fácilmente, cuando veía a muchas parejas interesadas, pero luego de la tercera o segunda visita, decidían no adoptar.
Al tocar el tiemble, se recordó que esos años, deberían estar apartados de sus pensamientos. Ya no formaban parte de su vida, y aunque le era imposible borrarlos, tenía que tratar de alejarlos, porque solo le traían dolor de heridas ya cerradas.

—¿Vanessa? —le miro con las cejas alzadas, parecía sorprendido.
Se vio sin la capacidad de pensar en algo y decirle. Tal vez, había pensado que le abriría la puerta con una gran sonrisa de bienvenida, o simplemente le miraría con desaprobatoria y le diría, antes de desaparecer por el pasillo; «¿Cuántas llaves has perdido este ultimo mes?»

Vanessa dejo escapar una risilla, inconsciente al recordar lo torpe que era con las llaves, siempre las perdía. ¿También en eso había cambiado?
—Oye, no te burles, se que no estoy vestido adecuadamente para recibir visitas, pero, no suelen visitarme tan temprano. A excepción de una loca hermana que tengo.
Hasta ese momento, en que lo menciono, fue que se detuvo, y se fijo que solo llevaba unas bermudas florales, que siquiera le llegaban a las rodillas. Lo cual le hacia deducir que estaba limpiando la piscina. No cambiaba los hábitos, a pesar de los años.
—De ninguna manera. —negó, reprimiendo las enormes ganas de reír. —No estoy burlándome de tus lindas bermudas.
Alex le miro con una ceja arqueada, claramente desconfiando.
—Prefiero que te rías, a que te ahogues. Adelante, búrlate.
Antes de que terminara de hablar, Vanessa estaba riendo a carcajadas. Alex le empujo a dentro y cerró la puerta. Le miro luchando por parecer molesto, pero solo consiguió terminar riendo junto a ella.
—Extrañaba ese sonido. —le dijo sonriente.
Ella le miro igual de sonriente, y feliz. Por un momento, pensó que esa barrera entre ellos, no existía, y al mirarle a los ojos supo que ese algo, que los separaba solo estaba en su imaginación. Era obvio, que Alex seguía siendo el mismo, fue ella que cambio.
—Yo extraño todo. —replico, sin perder la sonrisa.
Sin verlo venir, le atrajo hacia él y la cubrió con un abrazo. No perdió un segundo, se aferro a su abrazo, queriendo sentir que estaba allí. Que seguían apoyándose, uno al otro. Las lágrimas no salieron, como pensó. Al contrario, una enorme felicidad se apodero de ella. Entonces, escucho una suave risa, provenir de su garganta.
—Hoy planee visitarte. —comento Alex, sin soltarla.
Más que nada, sorprendida. Vanessa se deslizo lejos de él, para mirarle a los ojos.
—¿Para que?
—No me mires de esa forma. No lo hice antes, porque… —dudo— bueno, quería darte tu espacio, y esperar hasta que te recuperes.
Vanessa deseó regañarle por esa decisión, pero, no lo hizo, no fue el mejor momento para pelear.
—¿Hoy no trabajas? —cuestiono, olvidando el tema, al menos por ahora.
—Día libre. —Respondió.
—Ashley, no esta supongo.
Alex le miro con una pequeña sonrisa y comenzó a caminar por hacia la sala, diciéndole;
—Un día de estos, voy a enojarme, y mucho. No importa que nivel de amnesia tengas, siempre vienes porque quieres ver a Ashley. —no parecía enojado, pero si decepcionado.
—No seas idiota. —replicó, y le siguió— Vine a verte, solo pregunte por Ashley.
Vanessa le hubiese seguido caminando tras él, pero cuando llego a la sala, sintió entrar en otra casa. Era evidente que ya no era la casa de sus padres. Eso debió imaginarlo, sin embargo, detenerse a mirar todo su alrededor era imposible.
La decoración de su madre había sido básica, ahora parecía que un decorador había hecho toda una remodelación. No había esa multitud de cuatros en la repisa de la chimenea —la cual nunca se usaba—, los muebles tampoco eran los mismos… para ser menos detallista, todo cambio. A excepción del pequeño rincón, a un lado de la chimenea, el cual siempre estaba vacío esperando otra navidad para estar ocupado por un enorme árbol, cargado de decoraciones y luces.
Unos de las pocas fotografías de la repisa, llamo su atención. Y se vio tomando el pequeño marco entre sus manos, amando ver una de las tantas imágenes de ellos, con sus padres.
—Me alegra que hayas conservado la casa. —dijo, sabiendo que su hermano estaba tras suyo.
En respuesta, Alex soltó una carcajada entre dientes.
—Amenazaste con castrarme, si me atrevía a vender. Quería hacerlo, para darte la parte que te corresponde, pero te negaste aceptar, siquiera, un centavo.
Vanessa sonrió orgullosa de haber tomado esa decisión. Era lo que hubiese hecho exactamente, en ese instante si le propusiera lo mismo.
—Aun así, la casa sigue estando a nombre de ambos, al igual que la casa en el lago. —añadió.
—Mama odiaba esa casa. ¿La conservaste?
Vanessa dejo la foto en su lugar, y volteo a mirarlo. La mayoría de los veranos su padre les llevaba a su pueblo natal en Essex, Massachusetts. Ella por su parte amaba esa casa, pero su madre no tanto. Siempre quiso convencer a su padre para que construyeran y remodelaran la casa, pero este nunca cedió.
—Ambos estuvimos de acuerdo en no vender, y remodelar.
Sonrió, de tan solo imaginarse como estaría todo ahora. Sin duda, habían tomado buenas decisiones, en dejar todo tal cual querrían sus padres.

—Por cierto, ¿fuiste algún medico? No me parece que sea conveniente permitir que el tiempo pase, sin consultar algún especialista. —le dijo, cambiando drásticamente, tanto, el tema, como de humor. Su rostro se endureció por la preocupación.
—Estuve pensado lo mismo, y pienso ir hoy.
—Iré contigo.
Vanessa no replico. Tanto su hermano como ella, sabían lo mucho que le afectaba ir sola al doctor. Cuando duras dos años en terapia llega asustarte esas cosas, o simplemente, acostumbrarte.

No tomo asiento, espero veinte minutos, a que Alex se vistiera, observando cosas o simplemente viendo algunas de las fotos de Nicole y Ashley. Al verlo, tuvo la sensación de que todo había vuelto a la normalidad.
—Después de acompañarte, iremos de compras. Tengo una enorme lista de comestibles, que Ashley me encargo. Luego almorzaremos, e iremos por los niños a la escuela.
Alex camino hacia la cocina palpando las llaves en sus pantalones, como si estuviese recordando que estaban allí. Le siguió.
—¿Es tu día de ser la Mama? —bromeo.
No se molesto defenderse. Tomo una hoja que estaba pegada al refrigerador, y se encogió de hombros, cuando la entró en uno de sus bolsillos.
—Bueno de hecho, si. —admitió.
Vanessa se burlo a carcajadas. Su hermano le miro, reprendiéndole, y luego le tomo del brazo haciéndola caminar, hasta salir de la casa.
—Tus llaves. Yo conduciré. —le dijo.
En cuanto hizo lo que le ordeno, volvió a tomar su brazo y guiarla hasta el auto.

Luego de un rato de mirarle conducir, decidió hablarle, de lo que le consumía la curiosidad, desde el momento que supo que Ashley… la bruja menor de las Jones, era esposa de Alex.
—¿Cómo es que se conocieron?
Alex frunció el ceño, confundido.
—¿Quiénes?
—Ashley, ¿cómo la conociste?
Casi al instante, consiguió que su hermano sonriera. No era una sonrisa común. De ninguna manera. Era como si estuviese mirando alguna sirena cautivadora, en vez de la carretera. Un segundo después, una pequeña carcajada resonó desde su pecho.
—Casi le atropello. —explico.
—¿Y…? —insistió.
Alex volvió a reír. —Ella se lastimo el tobillo, y la lleve al hospital. Luego insistí en llevarle a su casa, hablamos, reímos…
—Y te acostaste con ella. —concluyo Vanessa.
Conocía a la perfección a su hermano. Por lo cual, no le parecía extraño, ni sorprendente que se acostara con una mujer el primer día de conocerle. Fueron muchas las chicas que conoció, y con las cuales no llegaba a durar un año de relación.
Alex sonrió, y se rasco la mejilla. Tuvo razón, se acostó con ella.
—Eso no es de tu importancia, pequeña. —replico.
Apretó los labios en una dura línea. Había escuchado eso miles de veces, preguntándose si seria igual, si tan solo sucedía lo contrario. ¿Le importaría?
Vanessa solo pudo responder esa pregunta el día en que decidió presentarle a Zac. Ella sabia que fue una mala decisión presentarlo, después de seis meses, solo poco tiempo después de que, el mismo, le pidiera matrimonio. Alex se había vuelto loco de rabia, busco todo tipo de escusas para —segundo él— hacerle entrar en razón. Al final, solo lo acepto previamente.

Hasta donde su cerebro recordaba, la única vez que esos dos estuvieron de acuerdo en algo, o hablaron sin formarse una guerra de palabras entre ellos, fue cuando el infeliz de su jefe llego a tocarla.
Cuando su profesor le ofreció un puesto en su firma de abogados, nunca sospecho la verdadera razón. Tal vez, lo sospecho en su mirada, o en las insinuaciones que hacían sus compañeras de clase al respecto, pero nunca lo tomo enserio.

Llego a casa muy cansada, recordó. Había tenido varias entrevistas de trabajo, sin ningún éxito. Solo quería dormir, no antes de probar de esa rica comida china que su hermano había ordenado para ambos.

Al entrar, descalzo sus pies y camino con los tacos en mano hasta la sala. Unos segundos antes de entrar, escucho voces, pero imagino que era Alex hablando por teléfono o viendo la tv. Sin embargo, al ver a Zac sentado en el sofá justo a su hermano, le dijo todo lo contrario.
Lo que sea que estuviesen hablando, fue interrumpido en su llegada. Ambos se pusieron de pie, y le miraron. Vanessa se sintió avergonzada de haber sido descubierta, le había dicho a Zac que estaría en su departamento, descansando de un largo día de trabajo, cuando la verdad era que estaba sin trabajo, y viviendo en casa, con su hermano mientras resolvía sus problemas.
No obstante, Zac no le miro de la forma que esperaba. Estaba enojado, eso podía verlo, pero algo le dijo que ese enojo no estaba dirigido a ella. Entonces, fue que supo que algo andaba mal. Muy mal.
Alex nunca hubiese estado tan tranquilo con Zac cerca. Miro a su hermano, buscando una respuesta, pero se encogió de hombros, y quien hablo dándole una clara respuesta fue Zac.
—¿Por qué no me contaste?
Todo su cuerpo tembló violentamente. Sus ojos se mantenían fijos en ella, suaves, mientras esperaba una respuesta. Pero Vanessa estaba muy ocupada en tratando de comprender.
Alex le contó. ¡Maldición! ¿Por qué había hecho eso? Se suponía, que Zac no era de su agrado.
—¿Por qué lo hiciste? —cuestiono, buscando la mirada de su hermano.
—Esto es algo bastante grave, y hubiese sido peor quedarme callado. Además, te vas a casar con Zac, lo mas razonable era que el lo supiese.
Vanessa lo sabía. Pero la vergüenza la consumía. Además, ¿para que preocuparlo?
—¿Pensaste ocultármelo?
Sus ojos se cerraron y bajo la cabeza. Cuando volvió a mirarle tenia a Zac a solo unos centímetros de su cuerpo, y Alex había desaparecido.
—No quería ser una preocupación.
El azul de su mirada llameo de pura rabia. Antes le había asustado esa reacción, pero estaba, un tanto, acostumbrada. Sin embargo, no en todas las ocasiones la reacción era la misma. Ella sabia como se sentía, al menos podía imaginarlo.
—Tú no eres la preocupación. —le dijo. Su voz muy oscura, y ronca. —Ese bastardo es el que debería preocuparse por su vida.
Un nuevo estremecimiento sacudió su cuerpo. Sus ojos le decían de lo que exactamente era capaz, no tenia porque preguntarle.
—Zac… mi amor, las cosas no son tan…
Sin verlo venir, le tomo de los hombros, apretando su agarre, solo un poco.
—Dime que no te toco, y no le haré nada. Saldrá ileso de todo esto. —le prometió.
Aunque se dijo que lo mejor era mentir, se negó hacerlo. ¿De que serviría? El hombre conocía como y cuando mentía. Podía leerlo en sus ojos. Su mirada exigía una respuesta, pero, permaneció allí, mirándole.
—¡Maldición, lo hizo! —gruño, bajo.
Había pensado, hasta el momento, que Alex le había contado, todo con lujo y detalle, justo como lo hizo ella, mientras lloraba temblorosa de puro miedo.
—Pero no se lo permití. Logre defenderme.
Y lo hizo. El asqueroso y repugnante de su jefe, pensó que podía intercambiar un aumento de puesto en la firma de abogados por un revolcón. O al menos eso fue lo que ella interpreto, cuando su mano llego a su muslo.
Casi se congeló, y maldijo haber elegido una falda para ese día. Había mirado con calma aparente, como esa rugosa y pecosa mano subía, lentamente por su pierna hasta su muslo. Entonces, justo cuando tuvo el conocimiento que no iba apartarse, lo hizo ella. Salto de su silla, lejos de él. Su mirada nunca se aparto de esos ojos lascivos, a pesar de que todo su cuerpo estaba encerrado en el pánico. Salir de allí, fue su primera misión, pero fue frustrada. El hombre la alcanzo, tomándola del brazo y aplastando su cuerpo, violentamente, contra el suyo.
Las nauseas, se atascaron en su garganta. Sintió la excitación del hombre presionar la parte baja de su vientre. Deseo gritar, pero el grito quedo atrapado en su garganta. Trato de besarla. Promocionó sus labios en los de ellos, y su lengua presionó contra ellos. Su olor, la humedad babosa de su boca, la sensación de su cuerpo junto al de ella, todo le deseo vomitar. Quiso hacerlo en su cara, pero no pudo, estuvo muy ocupada forcejeando contra él.
Consiguió morder su labio, y eso le dio suficiente tiempo para huir hacia la puerta, pero igual volvió atraparla. Esta vez, no tenía escapatoria, la acorralo contra la puerta, sin nunca delicadeza. La fuerza que utilizo le hizo jadear y gemir de dolor.
«Eso es.» le dijo en voz baja. «Te gusta las cosas difíciles» Al parecer había tomado sus quejidos como una reacción positiva. Pero, igualmente, lucho y logro acertar una patada a su hombría. Fue como huyo de esa pesadilla.
Desde entonces, —tres días, exactamente— busco cualquier escusa para no verse con Zac. Había querido un poco tiempo, para tener su vida en orden, y no se diera cuenta de lo que sucedía.
Sin embargo, ocultarlo no había sido la mejor estrategia. Zac temblaba de rabia, podía sentirlo bajo su toque. Odiaba esa mirada. Que dios le ayudara, pero el deseó febril de besarlo calentó su cuerpo. Quería borrar esas ideas, que sabia, se estaban formando en su cabeza. Quería borrar, sus propios pensamientos. Aquel horrible momento.

Vanessa dejo caer su calzado al suelo. Lleno el espacio entre ellos, y permitió que sus dedos palparan los calientes músculos bajo su camiseta, mientras que subía sus manos por su pecho hasta su cuello. No aparto sus ojos de los suyos. Zac parecía como el hierro, inmóvil. Hasta que hundió sus dedos en los cabellos de su nuca y busco el placer de su beso.
Tan pronto como sus labios se tocaron, Zac le apretó contra su cuerpo, y tomo su boca sin previo aviso. No fue lento ni moderado. Su lengua entro en su boca de una sola embestida, y busco su respuesta. Exigiendo, y dirigiendo, el movimiento de sus labios. Siempre le había parecido un hombre posesivo, pero la manera en que la tomaba, le apretaba contra su cuerpo, haciéndole saber que tan afectado estaba por ese beso, era completamente nuevo. Era como si quisiera marcarla de alguna forma.
Y lo hizo. Una bruma que ahogo toda lógica, se extendió en su cerebro. Se entrego, tal y como lo exigía. Mucho antes de sentir su erección, su cuerpo ya temblaba, caliente, excitado por su toque.
—Ese bastardo va apagar por lo que hizo. —juro. Volvió a besarle, pero luego se aparto, besando con cuidado sus labios exquisitamente maltratados. Entonces, le miro a los ojos. —Eres mía.
Su gruñido vibró en todo su cuerpo, y tembló. No fue tanto por el miedo de lo que podía ser capaz de hacer, si no por la reacción de su cuerpo ante eso. Debió de horrorizarle esa posesión, pero no lo hizo, al contrario, una deliciosa carga de excitación se desplegó por en ella.
Cinco días después, Vanessa se dio cuenta que no bromeó cuando le dijo aquello. Le llamaron a declarar ante la corte, por el acosamiento sexual a que fue sometida. Y no solo estuvo su declaración como prueba, sino también, el vídeo de la sala de juntas donde le mostró a todo el mundo la verdad de lo que dijo. Zac miro el video con el rostro endurecido, pero satisfecho. ¿Cómo no iba a estarlo?
Su ex jefe estaba esposado, y con varias contusiones en el rostro. Parecieron de varios días, y creía saber quien era el culpable de todos esos golpes.

Nunca antes se había sentido de esa forma. Como si estuviese acostumbrada a estar en el hospital… bueno, lo estaba, pero cada vez que estaba dentro, comenzaba a sudar y ponerse nerviosa. Pero, no lo hacia. Era como si hubiese superado, ese miedo irracional.
—Todo parece estar en orden. —afirmo el doctor.
Vanessa se movió en la camilla, sintiéndose incomoda después de media hora, en las que el doctor, reviso la herida que ya sanaba en su cabeza, y le hacia preguntas como; «¿Cómo se llama?» «¿Qué edad tiene?» «¿Qué día es hoy?»
Esas preguntas le hicieron doler la cabeza. Alex, quien estaba de pie a su lado, miro al doctor con el ceño fruncido, esperando que el mismo terminara de anotar en su ficha clínica.
—¿Qué me dice de su memoria? —aprecia inquieto.
El doctor le miro atreves de sus lentes y esbozo una sonrisa.
—Este tipo de amnesia suele ser pasajera, además, mencionó que ha recordado varias cosas, por lo que, solo será cuestión de tiempo, que vuelva a la normalidad.
—¿Hay posibilidad que pueda quedarse en ese estado? —luego de hacer la pregunta, Alex le miro por un momento y luego al doctor. Estaba preocupado. Cosa que no le gustaba. Ella estaba asustada, y con Alex preocupado no le daba ningún aliento, confiar en que todo estaría bien.
—Suelen suceder casos, que la mente olvida, como una forma de autoprotección. Solo porque quiere, para protegerse de la realidad a la que, no quiere ser sometida.
Vanessa dejo escapar una risilla nerviosa.
—¿De que querría protegerme?
El doctor le miro, volviendo a sonreírle.
—De algún miedo, quizá. —se encogió de hombros— Suelen ser traumas infantiles, también.
No se atrevió a devolverle a la mirada a Alex. Sentía los ojos del mismo sobre ella, examinándola, como si supiera exactamente lo que le sucedía.
—Le sugiero que piense. Pregúntese, a que le teme más y quizá encuentre la respuesta. De momento, le indicare algunos medicamentos, y después de dos semanas venga a verme.

Las palabras del doctor estuvieron en su mente, en todo el camino, al auto. Alex no mencionó nada, gracias a dios. Ella misma, se sentía bastante perturbada por esas palabras, necesitaba distraerse. Y fue lo que exactamente hizo su hermano, hablándole de puras tonterías.
Continuará…

(Fuente: preeciouss)


Capitulo 11

Segunda Parte

Vanessa volvió los ojos a Zadie, quien permanecía mirándole con curiosidad. Como si estuviese esperando que dijera algo.
—Supuse que necesitarías un calmante para el dolor de cabeza. —le dijo. Juntó ambas manos delante de ella, y miro hacia la mesita de noche, donde efectivamente, había una tableta de calmantes y un vaso de agua.
Sonrió, a pesar de que sentía vergüenza. Estaba segura de que nunca antes se había pasado con la bebida, hasta ahora. Tal vez, eso explicaba, porque Zadie le miraba con preocupación.
—Gracias cariño, iré a la ducha y luego tomo una.
Con cuidado, se deslizó hasta el pie de la cama, y salió de las sabanas. Cuando volvió la mirada a los niños, seguían profundos. ¿Qué los había llegado a su cama?
Una vez de pie, camino hacia el baño, luchando por no hacer notar todo el dolor que sufría.
—No tardaré mucho. —le aviso, cuando abrió la puerta.
—Ammm… tarda todo lo que quieras, prepare el desayuno y me encargaré de que los niños estén listos para cuando papa venga por ellos.
Que ella supiese, Zac no había mencionado nada en llevar a los niños a la escuela. No obstante, se dijo que era lo mejor. No sabía que podría suceder si tomara el volante con esos malestares, nunca antes había bebido de ese modo.
Vanessa asintió despacio. Cuando estuvo dentro, se desvistió y entro en la ducha rápidamente. Quería despojarse de todo, alejar su mente de lo que había sucedido esa noche. Quería atraer los recuerdos que tanto le hacían falta, para entender todo. Para que este fuese menos doloroso. Sin embargo, nada sucedía. Seguía el dolor, y no solo el físico.
Y por supuesto, esos fantasmas del pasado que le persiguieron toda la noche volvían a ella. ¡Se volvería loca! Cada momento compartido con Zac, era como astillas en su corazón. Antes no dolían, pero después de lo que descubrió la noche anterior, esos recuerdos se volvían armas mortales.

¿Cómo era capaz?
Tan solo con una mirada, él podía saber si mentía. O más bien, ella no era incapaz de hacerlo. No obstante, esa explicación le parecía ilógica. Aunque estuviese saliendo con él desde hacia dos meses, consideraba que apenas lo conocía, para contarle esa parte tan intima de si misma. Sin embargo, se descubrió empezando hablar.
—Fue adoptada por los Tyler. —Vanessa no le costaba decirlo, esa era la parte más fácil de lo que pensaba contarle.
Zac no mostro ningún tipo de sorpresa. Al contrario, le sonrió y paso una página del álbum de fotos que descansaba en su regazo.
—Es lógico. Eso explica por qué eres tan diferente de ellos físicamente. —le dijo.
No es que les haya contado a muchas personas sobre esto, pero veía la confusión en las personas cuando presentaba a Alex como su hermano. O cuando alguno de sus padres se había presentado en la escuela.
Los ojos de él se encontraron con los suyos.
—Créeme, muchas personas lo dicen también. Papa se enojaba, porque decía que no me iba a colgar un cartel que diga «es adoptada», por esa razón, cada vez que mencionaban ese tema, era mejor que papa no estuviese cerca. —sonrió, al recordarlo enojado, y luego inclinándose para poder mirarle a los ojos y pedirle disculpas. Su padre la amo como una hija, y nunca permitió que hubiese diferencias para ella.
Vanessa miró sus ojos, nuevamente, al sentir sus dedos limpiando las lágrimas que comenzaron a correr por sus mejillas.
—Disculpa, no debí…
—No es tu culpa. Solo recordé algo. —sonriéndole, paso el dorso de su mano por las majillas empapadas. — Ellos me adoptaron cuando tenía quince años. —Siguió diciéndole.
—Cuéntame como era todo, antes que los Tyler te adoptaran.
—Era como cualquier niño en un orfanato.
Zac le miró por un segundo, como si estuviese buscando algo más en sus ojos.
—Tus padres biológicos, ¿los recuerdas?
Vanessa trago en seco, sintiendo como un doloroso frio corría por sus huesos. Las imágenes, casi difusas de su madre biológica comenzaron a proyectarse en su cabeza. Pero para su sorpresa, le era difícil recordar su rostro. Hecho que la entristecía, al igual que la aliviaba.
—Sí. Tenía cinco años cuando llegue al orfanato. —espero un segundo que Zac le hiciera una pregunta, pero solo se mantuvo allí, a la espera de algo más— Vivíamos solas, ella… o es decir, mi madre biológica, era adicta a las drogas. Según supe, mucho antes de que yo naciera la consumía. Para su desgracia, no afecto mi nacimiento. Vivíamos en una pequeña casa, recuerdo que no me dejaba salir. Todas las noches salía y me dejaba sola, no sabía a donde iba. Pero cuando tuve la suficiente edad para entender quienes eran esos hombres que iban a buscarla, supe que era prostituta. —el nudo en su garganta se hizo mayor, y aunque su vista estaba nublada debido a las lastimosas lágrimas, prosiguió—; Yo, tal vez era el fruto de un descuido con cualquiera de sus clientes.
El dolor se propagó por su cuerpo. No entendía porque sentía esta opresión tan asfixiante en el pecho. Se había desahogado y contado cada detalle de esto a sus padres, hermano y hasta una psicóloga. ¿Por qué, justo en este momento sentía que ese peso salía de sus hombros?
Casi al instante de terminar, Zac le atrajo a su cuerpo y repartió múltiples besos en su cabeza. Mientras le acariciaba la espalda, y aliviaba el dolor que la consumía. Sin embargo, ella no quería ser aliviada, quería sacar todo de si, de una vez y para siempre.
—Ella… ella se suicidó. —dijo. Para sus oídos su voz se escuchó lejana. —Me ordeno que me quedara fuera de la habitación, entonces, cuando escuche quejidos abrí la puerta y…
No termino. No pudo hacerlo. El gemido que salió de su garganta al recordar, no pudo contenerlo. Zac le apretó más fuerte contra su cuerpo.
—Shuuu… no pasa nada. Estoy aquí, cariño. Estoy aquí.
Vanessa estaba llorando en gemidos agonizantes, y siquiera se deba cuenta. Su mente estaba justo en ese lugar tan horrendo en el que vivió su infancia.
Pero no tardo mucho en salir de allí. Las palabras de Zac llegaron a su cabeza, y poco a poco fue calmándose. Entonces, una bruma de paz se extendió sobre ella. No supo cuando tiempo estuvo aferrándose a él, solo supo que sintió una terrible perdida cuando Zac le tomó de los hombros y le aparto lo suficiente para mirarle a los ojos.
Hasta ese precisó instante, Vanessa se detuvo al pensar que tan patética, e infantil debería parecerle.
—Debo parecer algo patética. —le dijo.
Zac le miró con un brillo de enojo en los ojos, pero no sintió ningún desprecio o un dejo de lástima en su mirada. Solo había una autentica reprimenda en ellos.
—No voy a permitir que vuelvas a repetir eso. —el dorso de su mano tocó su mejilla, y Vanessa cerro los ojos concentrándose en la deliciosa sensación que le producía su piel— Ahora, me pareces una mujer admirable. Cualquiera se hubiese rendido ante la vida, en tu lugar.
Sus palabras apenas pudieron deslizarse en su cerebro. Algo que le hizo sonreír. Era difícil mantener la mente activa, cuando le tocaba.
Abrió los ojos, solo para quedar sin aliento, ante su mirada. Había algo… algo diferente, en mirada. Se acercó con los ojos en ella, y luego en su boca.
Su boca estaba tan cerca que podía respirar su fresco aliento. Sus ojos se cerraron, y su cuerpo se estremeció anticipando el beso.
—Te amo.
Sus ojos se abrieron de nuevo, sintió la sangre abandonar su cara, mientras tanto su cerebro, como su corazón, luchaban por creer en sus palabras. La última vez que amo fue un total fracaso, y no quería repetirlo. Además, nadie se lo había dicho de esa forma. Era la primera vez que esas dos simples palabras, se escuchaban tan sinceras en la boca de alguien más.
Abrió la boca para decir algo, pero enmudeció.
—No quiero que repitas algo que no sientes. —sus labios se tocaron en un breve beso, entonces volvió a mirarle a los ojos— Permíteme ganarme ese privilegio.
—Pero… no hemos… —No pudo terminar, la incertidumbre le ahogó.
Sus ojos brillaron con diversión.
—Lo cierto es que te deseo, con tal intensidad que… —de pronto sus ojos tomaron un matiz de diversión— Sin embargo, estoy seguro de que esto no tiene nada que ver con el sexo, en el pasado tome una decisión, la cual tuvo consecuencias malas y buenas, en base a ello, y no quiero volver a repetirlo.
El alivio que sintió no fue nada comparado a la incertidumbre de saber que su cara estaba como un tomate en ese momento. El nudo que venia formándose en su estomago, dio un vuelco. Su corazón tronó latiendo con fuerza, en sus oídos. Él le miraba con una clara súplica en sus ojos. Como si estuviese suplicándole y esperando una respuesta.
No sabía si esto lo estaba imaginando, o si no había oído correctamente, solo supo que había contestado, cuando estucho sus propias palabras deslizarse en su cerebro.
—Creo… que no te será de mucho esfuerzo.
Cerró los ojos, tanto para ocultar su vergüenza como para recibir el tan anhelado beso. Estaba comportándose como una tonta, lo sabía. Pero tenía miedo, no sabía a que exactamente, tal vez al amor o simplemente no estaba preparada para comenzar nuevamente.
Su cuerpo zumbó de la emoción del toque de sus labios, y cuando la comenzó a besar, fue como si su cerebro hubiese desechado todas sus ideas y quedo en blanco.

—¿Mama? —la voz de Alec se escuchó lejana— ¿Mami? ¿Estás bien? ¿Mami?
Vanessa se sintió emerger de sus pensamientos, al escuchar la suplica en su tono de voz. Si quiera sabía decir porque sus ojos estaban nublados por las lágrimas. Solo sabia que había salido del baño y simplemente tomo asiento en la cama. ¿Cuánto tiempo tenía allí?
Levanto la mirada hacia Alec, rápidamente y el dolor que ya lastimaba su corazón hasta el dolor insoportable, aumento al ver la expresión preocupada en su rostro.
—Estoy bien, mi amor. —sonrió. O al menos trato de hacerlo.
Alec se acercó y le miro detenidamente con el ceño fruncido. Era un niño inteligente, con esa sonrisa no le iba a convencer que todo estaba bien.
—Anoche estabas llorando igual. —comento.
Vanessa mostro su confusión abiertamente. A decir verdad, no recordaba mucho de la noche anterior, solo algunas… cosas.
—¿Cómo sabes eso?
—Noah te escucho, y fue a despertarme. —le dijo, como si fuese normal una situación así.
—¿Por eso durmieron conmigo?
Alec asintió en silencio. A lo mejor dormir con ellos fue lo que la ayudo a descansar, de lo contrario estaría peor esa mañana. Nuevamente intento restarle importancia a la situación. Limpio sus lágrimas, y esta vez sonrió con toda sinceridad. De solo saber que esos tres ángeles estuvieron con ella toda la noche, le hacia feliz.
Por instinto, se detuvo a inspeccionar la ropa que Alec se había puesto para ir a la escuela, entonces se inclinó y beso su cabeza.
—¿Estás triste porque tus recuerdos no han vuelto?
Vanessa asintió, sonriente. Al menos no tendría que mentir ya que esa era una de sus razones.
—Pero no te preocupes, hoy iré al doctor, luego todo volverá a la normalidad. —Vanessa palmeó sus piernas y al instante Alec estaba sobre ellas. Aun estaba con la toalla envuelta en su cuerpo, ni siquiera se había preocupado de vestirse. Tenía que ocupar su cabeza, y dejar de pensar. Últimamente, eso le traía recuerdos… que no quería revivir.
—Mama ya nos tenemos que ir. Llego papa. —Anuncio April, quien entró como un torbellino a la habitación, con Noah tras suyo.
Tan solo imaginarse que Zac estaba cerca, su cuerpo se estremeció y su labio inferior tembló.
—¿Tomaron su desayuno?
—Sí. —Afirmo April y beso su mejilla.
—Mama, ¿es cierto que April no volverá al futbol? —Le pregunto Alec en su regazo, parecía dudar de algo.
—Si, es cierto.
—Pero dijiste que tenía que practicar algún deporte por su asma. —replico.
Cuando se volvió hacia April, la misma, miraba a su hermano, con un brillo de acusación en sus ojos.
—Estoy bien, ya no tengo problemas para respirar cuando me canso. —le dijo, volviendo su mirada a ella, y cambiando por completo su expresión, a suplicante.
—Es verdad mama, ya no le veo usando su inhalador. —intervino Noah.
—Les creo. Además, si tiene clases de natación, no es necesario el futbol. —Aunque estaba decidida y un poco asustada ante la enfermedad de April, la cual explicaba porque llevaba un inhalador en su bolso, no veía apropiado seguir presionándola con el mismo tema.
—¡Enanos, Papa los está esperando! —Grito Zadie desde las escaleras.
Entonces, terminaron de despedirse. Cada quien le dio un fuerte abrazo, un beso y un «te quiero» Ellos parecían intuir que algo no andaba bien, y parecían querer borrar su dolor.
Fue entonces cuando supo, que todo había vuelto la pena. Tal vez, ahora le parecía masoquista de su parte decir algo así, pero el dolor solo era un pinchazo molesto, delante de todo el cariño que sentía por esos niños.


Con la intensión de salir y aclarar sus ideas de lo que sucedió la noche anterior, fue su almario y escogió un simple vestido primaveral que vio. Lo que sucedió ayer, fue imperdonable. No debió tomar, de esa forma, sabiendo que Zac habría podido llegar en cualquier momento con los niños. Estaba segura de que no permitiría que una gota de alcohol se deslizara por su lengua, si estaba consciente que tendría que cuidar de ellos. Además, sabía a la perfección lo que le producía el alcohol. Hasta ahora estaba sufriendo las consecuencias con estos malestares.
Sin embargo, una parte de ella, sintió que no había otra salida, para amortiguar el dolor. Una decisión estúpida, pero, no pensó en el mundo, solo en ella.

Para empezar, nunca debió entrar en el estudio. Recordaba con claridad, que sintió el deseo de saber que era lo que le traía esa sensación de alerta. Como si ese lugar contuviese el más temible de los males. Pensó en la ocasión que toco el picaporte de la puerta y ese recuerdo llego a su cerebro. Entonces, llego a la conclusión que tal vez, si entraba el lugar le ayudaría a su memoria.
Fue así, de hecho. Pero no fue como exactamente, lo espero.

Todo el lugar estaba sumergido en la oscuridad, y al encender las luces supo que todo estaba en orden. Nada había cambiado. Excepto, los papeles esparcidos en el escritorio que Zac solía dejar, allí. Y diversos, pequeños detalles. Vanessa, fue directamente hacia el escritorio, y encendió la portátil. Tuvo la suerte de saber cual era su clave de su email, la cual seguía siendo la misma. Al entrar, no entro nada que pudiese parecerle familiar, de hecho, era todo relacionado con el trabajo. Estaba de más decir que no se atrevió a leer los mensajes antiguos, y mucho menos al ver que varios eran de Jack Lewis.
Cerró todo, y se dio por vencida, dejándose desplomar en la silla. Rodo hacia atrás en la misma, entonces, fue cuando lo vio. A simple vista palacio un papel olvidado en el suelo, pero al tomarlo, se dio cuenta de que era todo lo contrario. Tan solo al sentir el frio material entre sus dedos, su sangre corrió frenética por sus venas y su corazón se apretó. Su mano tembló, y sintió exactamente lo mismo que la última vez que recordó. Hubo algo diferente, sin embargo.
Caminaba por la sala, directo abrir la puerta. Justo cuando estaba a un paso de esta, él tiemble volvió a sonar, y por fin la abrió. Al ver a la mujer con claridad, supo que era la misma que… ¡claro! Por eso le resulto tan familiar. Era la mujer que se acercó a saludar a Ashley cuando dejaron a los niños a la escuela.
En el recuerdo, poseía la misma sonrisa simpática y contagiosa que no le pareció… agradable. De hecho, sintió una enorme molesta. Además, se sintió sorprendida al verle allí. En su casa.
—¿Puedo pasar?
Vanessa se irguió en toda su altura, y le miro con desconfianza.
—No sé, cual sea ese tema que me interese hablar contigo.
Ella le sonrió, ampliamente. —Tenemos un gran tema que tratar, ¿será que podemos hablar en un lugar tranquilo?
Recordó claramente, que se sintió sorprendida y llena de desconfianza, pero igual le permitió pasar. Sabía que Zadie llegaría en cualquier momento, y evitando hacerle pasar por una escena desagradable a su hija, le hizo pasar al estudio. Allí se sentía en confianza, tal vez porque estaba rodeada por las cosas que solían ser de Zac, no lo sabía, ni quería saberlo en ese instante.
Rodeo el escritorio, y le miro directamente a los ojos detrás del mismo levantando la barbilla. Aunque no sabía con claridad, por qué mantenía la defensa en alto ante ella.
La mujer sonrió, esta vez, dejando escapar una pequeña risita que le irritó hasta los cabellos de su nuca.
—Tranquila, Vanessa. No estoy aquí, para declararte la guerra. Todo lo contrario, te traigo una fabulosa noticia. —de su bolso extrajo un sobre con un listón dorado, parecía una invitación, cuando la extendió hacia ella.
Sintió desconfianza, pero la tomo.
«Zachary Stanton & Blake Lively»
Decía delante. Su mente se tornó turbia, pero comprendió a la perfección lo que significaba esa invitación. «Zac iba a casarse»

De allí en adelante, el recuerdo se esfumó.
Luego, se sintió enferma. Le habían estado mintiendo, desde un principio. Ella estaba actuando como una tonta, que seguía enamorada, de un hombre que no sentía absolutamente nada por ella.
A pesar de que el pensamiento de razonamiento, pasó por su cerebro, no quiso tomarlo en cuenta. Luego, recordó la colección de vinos que Zac siempre mantenía con recelo en la bodega del sótano. ¿Cómo supo que los vinos seguían allí?
¡Cómo si le importara! Ella solo sentía la necesidad de hacerle daño, de alguna manera. Y así fue como se embriagó hasta perder el conocimiento de que estaba haciendo. Después de eso, solo recordaba algunas cosas.

La discusión. El sufrimiento que su alma padecía, y luego las ganas de darse por vencida. Pensó que no serviría de nada. Zac estaba con otra mujer, iba a casarse.
Además, le dijo que estaba enamorado de ella. Sus lágrimas solo estaban demás allí.
Aun podía sentir sus labios en su boca, la sensación de tenerle cerca era palpable. Se preguntaba, el motivo que lo había llevado a besarle, pero la verdad, no quería saberlo. Era mejor así. Todo termino, y al menos ella le dijo todo lo que su carrazón gritaba en el silencio.

—¿Vas a salir?
Vanessa giró sorprendida hacia Zadie quien parecía haber salido de la nada. Creyó estar sola en la casa, pero al parecer no había visto en la cocina.
Frunció el ceño.
—¿Y la universidad?
La chica se encogió de hombros, y sonrió.
—Hoy no tengo clases, pero a medio día vendrán unos compañeros a la casa para estudiar.
—Llegaré a tiempo para prepárales algo. —Le dijo.
—No es necesario.
Aunque el instinto le advirtió de que no era buena idea, se dijo negó a llevarle la contraria, ya que no podía asegurarle poder llegar a tiempo.
—Yo iré a casa… es decir, a casa de Alex. —dijo sacudiendo la cabeza— Estaré pendiente de tus llamadas, por si necesitas algo.
—No necesitaré tu ayuda, estoy bastante grandecita, Mama. —se acercó diciendo. Luego le abrazo, y le beso la mejilla, no solo para despedirla, estuvo segura, había algo en su mirada que le decía que sabía exactamente lo que sucedía. O al menos lo que le tenía de esa forma.
—Aun así estaré al pendiente. —replico.

Ecos Del Pasado
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Capitulo 11

Primera Parte

«¿Qué hice para merecer tal castigo?»
El sonido del trueno, le hizo dar un saltito. Su piel se erizó, y un repentino frio le azotó. No. Este no era su mejor día. No podía empeorar más. Desde que se despertó tuvo la curiosa sensación de que no seria un día tan agobiante. ¡Y como se equivocó! En cuanto llego a su oficina, esta mañana, empezaron los problemas.

—Zachary Stanton, esta en tu oficina.
Vanessa dejó a un lado los papeles que la secretaria de su jefe, le acababa de entregar, y le miro con el ceño fruncido.
—¿Quién?
—Zachary Stanton. —repitió, mirándole atreves de sus lentes, como si estuviese hablando con una retasada mental— Ex esposo de Harley Jones, ¿recuerdas?
Oh, por supuesto que recordaba, era una de los abogados del caso. No obstante, no recordaba tener alguna cita, o algo que discutir con ese hombre.
—Si, claro que si… quiero decir, ¿para que quiere verme?
—¿Verte? —se burló— No, cariño, quería ver al abogado a cargo del caso, y como el Sr. Davis tiene una justa, pidió que le atendieras.
¡Vaya suerte! Con tanto trabajo que hacer, a la única que acudió fue a ella. Trato —
Dios sabe que lo hizo— de borrar el disgusto de su rostro, pero no pudo.
—No creo que sea la mejor candidata, para hacerme cargo…
—Te aconsejaría, que fueras, fue una orden del Sr. Davis.

Vanessa caminó hacia su oficina, con la ira acumulada en la cabeza. Suspiro varias veces, preguntándose cual era el motivo, de esta visita tan inusual. Al abrir la puerta, y entrar a su oficina, se encontró con el hombre, —que según Harley Jones— era todo un cavernícola, incapaz de educar a su hija.
—Buenos días.
Sintió los ojos de ese hombre perseguirla hasta que pudo refugiarse tras su escritorio. Cuando le miro, esta vez sé frente, sintió todos sus huesos helarse. Le pareció estar bajo el asecho de un depredador peligroso, debido a la ira, palpable, que sus ojos contenían. Hizo caso omiso al intenso frio que corrió por su cuerpo, al sentirse inspeccionada, por esos intensos ojos azules.
Odio ese momento. El hombre parecía erguirse delante de ella. Permitió que sus ojos vagaran por sus anchos hombros, parecía tener un cuerpo atlético, bajo ese traje negro. Se sentía terriblemente pequeña ante ese hombre, que parecía medir varias pulgadas más que ella. Un ratón atrapado. Era como, exactamente, podía describirse.
Vanessa se ordenó a distraerse, a no mirarle directamente a los ojos, pero no funciono. Estaba convencida que no era solo el aspecto, atractivamente pecaminoso, de este hombre, lo que llamaba tanto su atención. Era su aire en general, el hombre rasuraba masculinidad y sensualidad.

—Esta demás presentarme, o ¿me equivoco?
Vanessa dio un pequeño respingo al escucharlo. A pesar de que su voz fue suave, y un tanto amable, pudo leer muy claramente el enojo en la misma.
—No… Sr. Stanton, no es necesario. —tomo un trago de aire, y con torpeza inclino la cabeza e hizo un gesto con la mano para que tomara asiento. Sin embargo, el hombre se le quedo viendo. —Tome asiento, por favor.
—No es necesario.
Por lo visto al hombre le gustaba tener el control. Vanessa se vio tentada a mirarle a los ojos, pero se negó y tomo asiento, con la poca arrogancia que había aprendido a imitar de su hermano.
—Dígame, entonces, ¿en qué puedo servirle?
—Tengo entendido, que no es usted quien esta a cargo del caso de Harley Jones.
—Así es, pero el Sr. Davis no puede atenderle en este momento, por lo que yo le ayudaré en lo que pueda.
Vanessa se sintió orgullosa de que su voz, se escuchara fuerte y segura. Nada que ver con lo nerviosa y abrumada que se sentía. Él pareció examinarle, nuevamente, pero esta vez su mirada estaba endurecida.
—Como no me queda de otra. Srta. Tyler, quiero que me explique, de que se trata esto.
No se había detenido a ver la carta que sostenía, hasta que la lanzo a su escritorio. Vanessa siquiera la tomo, solo vasto con mirarla para saber que era una citación, para el juicio que se abriría por la custodia de la hija Harley Jones y Zachary Stanton.
—Es una citación, Sr…
—¡Sé que es! Lo que exijo es que se me explique, que clase de broma es esta.
Vanessa se obligó a calmar las ganas de ponerle donde se merecía. No permitía que nadie le gritara.
—No es ninguna broma.
Por como le miro, pareció sorprendido ante su tono de voz calmado.
—Entonces, quiero que me comunique con su cliente.
Ella fue la sorprendida esta vez, pero como de costumbre, lo oculto y prosiguió con su aspecto sereno.
—Lamento no tener esa información, la Sra. Jones esta fuera del país, y no…
—¿Sabe? Ahórrese su explicación. ¿Por qué cree que estoy aquí? —Hizo una pausa—
Si supiera como comunicarme con ella, discutiría esto con la misma, y no estaría perdiendo mi valioso tiempo con usted. Y como es uno de sus abogados, supuse que sabría como comunicarme con ella.
—Como ya le dije no tengo esa información.
—Perfecto. Entonces, dígale a su cliente, que sabe donde encontrarme, y si quería dinero solo tenía que decírmelo. Así se ahorraría toda esta payasada.

Vanessa supo que salió de su oficina, cuando el azote de la puerta, provoco que su corazón diera un vuelco. Un segundo después, su cuerpo se desplomó en el asiento, sintiéndose como gelatina. ¿Desde cuándo le interesaban los ogros? —y lo más importante— ¿Qué le pasaba?
Su cuerpo volvió a sacudirse, al escuchar el eco de la voz de Stanton, exigiéndole a la secretaria de su jefe que le permitiera ver al mismo. Vanessa cerró los ojos, y en un suspiro expulso toda la rabia acumulada contra ese hombre. Sin embargo, tener que soportar esos ojos persiguiéndole todo el día, no le ayudaba a calmar su ira. No lo solo le perseguían en su mente, si no también, literalmente. Zachary Stanton es un hombre increíblemente testarudo, pensó. Permaneció esperando al Sr. Davis casi unas cuatro horas. Cada vez que salía de su oficina, era con una plegaria en la punta de la lengua, rezaba para que no estuviese mirándole todo el tiempo. ¡El hombre no despegaba sus ojos de ella! En más de una ocasión, se atrevió a mirarle. Él le sostuvo la mirada todo el tiempo, como si no le importara en lo más mínimo que ella se diera cuenta.


La lluvia parecía caer con más fervor, al pasar de los minutos.
Tengo que salir de aquí, pensó Vanessa con impaciencia. Entonces, volvió a marcarle a su hermano. Para su fortuna, contesto, a diferencia de las otras veces.
—Sabes que estoy…
—Lo sé. Disculpa, estás impartiendo clases, pero me preguntaba si podrías salir antes. Es que parece que se va a caer el cielo, y me preguntaba, si puedes venir a buscarme. Mi auto no quiere encender, lo dejaré en el estacionamiento, hasta que mañana pueda ver lo que hago con él.
—Hay algo que se llamaba trasporte publico, hermanita. Úsalo. —Entonces corto la llamada.
Miro su teléfono con enojo, queriendo tirarlo y destruirlo por completo. Lo menos que quería era resfriarse, lo cual sucedería si tomaba un taxi o el autobús.
El movimiento de las personas, que se cubrían de la lluvia, en la calle, llamo su atención. Lo mejor, era tomar un taxi. Además, si pescaba un resfriado Alex le cuidaría, así que ese seria su castigo por dejarla en esta situación.
Vanessa se encogió bajo su abrigo, antes de empujar la puerta de cristal y salir del edificio. Una vez fuera, contó hasta tres y dejo que la lluvia callera sobre ella.

¿Cómo podría —esa bella mariposa— trabajar para un hombre de tal reputación dudosa, como Davis? No parecía su mundo. Aunque, bajo esa fragilidad y belleza, pudo descubrir que había una mujer de carácter bastante duro escondida.
—Vanessa Tyler. —Dijo en voz baja, palpando su nombre, en su boca. No podía imaginarse, siquiera, que tenía aquella mujer que le llamaba tanto la atención.
Sus ojos la persiguieron en cada movimiento que hacia, una vez salió del oficio. Desde su propio auto, permaneció quieto observando como la lluvia le empapaba. Su cabello, caía como una manta negra sobre sus hombros. Por su cara, parecía enojada. Era comprensible, cuando no había un taxi a la vista, o que no se hubiesen ocupado. Le vio caminar por la acera, con pasos enérgicos.
Tenía que alcanzarle. Tanto el pensamiento, como su acción siguiente, le tomaron por sorpresa.
—¿Adónde va?
Le pregunto su chofer, al ver sus intensiones de abrir la puerta.
—Regreso en un instante.
Antes de salir tomo el paraguas, y lo abrió sobre su cabeza. Cruzo la calle en grandes zancadas, logrando alcanzarle. Se detuvo justo a ella, sin saber qué decir o hacer.

Esa mañana tuvo una pésima primera impresión de él. No obstante, era de entenderse. Harley quería la custodia completa de su hija, y no iba a permitir que Zadie se sometiera a este tipo de debates irracionales. No. De ninguna manera lo iba a permitir, ni tampoco darse el lujo de perderla, sabiendo que justo a Harley no estaría bien.

Le cubrió de la lluvia con el paraguas. Al instante, no se percató de su presencia, pero un minuto después ella alzó la mirada. Al ver el paraguas, su cara saltó hacia él, sorprendida. Sus ojos no eran tan oscuros, como lo había pensado. De hecho, cuando se encontró con ellos en ese momento, eran de un intenso color café. Tan brillantes y cálidos como un día de verano. Su rostro le pareció, aun más, juvenil que esta mañana. En un segundo observo, con placer, como sus mejillas se calentaron, entonces su rostro se sonrojó hasta su cuello, y terminando justo hasta la parte en que su piel la cubría esa camisa blanca.
Se sorprendió, preguntándose hasta que punto de su cuerpo podría sonrojarse.
Volviendo la atención a su rostro, sacudió esos pensamientos de su cabeza, y le sonrió.
—¿Qué…?
Se detuvo abruptamente, al ver sorprendida, como le hacia señales a un taxi para que se detuviese.
—Un «Gracias» me es suficiente.
Al instante, endureció la mirada, y pareció erguirse.
—Está equivocado, yo no le pedí su ayuda. —le dijo, entonces, dio un paso hacia delante y abrió la puerta del taxi que se detuvo frente a ellos.
—Creí que era una persona más amable.
Ella le miró por un segundo antes de entrar.
—Lo soy, Sr. Stanton, pero no con personas como usted.
Cuando lo dijo, pareció segura de entender que tipo de persona era. Además, le pareció que lo decía con fundamentos. Al parecer, y si no se equivocaba, Harley estuvo soltando un poco de su veneno. No era de sorprenderse, cuando lo que quería era hacerse de madre dolida frente a sus abogados.
No obstante, ¿qué esperaba?
Lo que acabo de suceder, fue de lo más predecible. Ella era una mujer bastante hermosa, con una juventud apenas floreciendo. ¿Cuántos años, debía de tener? Unos veinte, casi veinte y dos años, por lo menos. Lo mas seguro es que tuviese novio, y no se fijara en hombres de su edad o… simplemente en «personas como él»

Vanessa se sintió fluir desde de una bruma muy profunda. Sintió un pequeño peso, en su cintura. Del otro lado, algo le hacia cosquillas en su brazo. Fue entonces, que percibió la presencia de alguien o… más de una persona en la cama, con ella. Por un segundo, el pensamiento de que todo lo que vivió esos días fue un sueño y ya estaba en el lugar que debería, paso por su cabeza. Pero al ínstate, pensó en los niños, y se negó a pensar en eso. Debía de aceptarlo, de una vez y para siempre. Este era su presente, y era aquí donde pertenecía.
Abrió un ojo, palpando la luz de la habitación, entonces fue cuando sintió todos sus malestares azotarles sin piedad. Un gemido se escapó de sus labios, y tuvo que morderse el labio interior para no clamar por piedad. ¡Su cabeza iba a estallar! ¡Todo su cuerpo palpitaba de dolor!
—¿Mama? ¿Estas bien?
Zadie. Oh, gracias a dios, era ella. Pero esa voz no estaba cerca, más bien provenía desde una distancia, cerca, pero no demasiado. Abrió los ojos, asustada de quien podría estar en la cama con ella.
Lo primero que vio fue a Zadie, de pie, justo a la cama. Aun estaba en pijama. Entonces, parpadeo y miro a ambos lados de la cama. El peso que sentía en la cintura era Noah quien dormía abrazada, a ella. Y del otro lado estaba April, que también dormía en la misma posición, pero sin abrazarle. Era su cabello que le hacia cosquillas. También estaba Alec, como sospecho, quien dormía justo April.
A pesar de su dolor, sonrió ampliamente. La cama era bastante grande, pero parecía mucho más enorme, con ellos en la cama.
—No me preguntes. No tengo la menor idea que los llevo a dormir aquí. Siquiera me di cuenta, hasta que me desperté. —explico Zadie al encontrar su mirada.
—No importa.
Acaricio, con cuidado, el cabello dorado de Noah, y miro April. Movió su brazo, para que no le molestara, y luego se detuvo en Alec. Cuando estuvo en el hospital, pensó que todo era un mal sueño y que pronto despertaría. Sin saber, que milagro tenía bajo sus narices. Si esto era un sueño, pues no quería despertar. Y si tenía que pagar el precio, de no vivir con Zac, pues lo haría sin titubear. No cambiaria por nada a sus niños. No existía cosa por la que cambiara el amor con que Zadie le miraba, y el simple hecho de decirle «Mama». Además, ¿quién en este mundo lo tenía todo?
Su madre siempre decía que para ser feliz, la clave estaba en disfrutar lo que se tenía, y no lamentar lo que no se puede tener.
Continuará…


Ecos Del Pasado
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Capitulo 10

Segunda Parte

Olvido, en poco tiempo, que lo hacia para calmarla.

El deseo, egoísta, de mantenerle cerca, creció con avaricia. Le apretó, solo un poco más. Beso la parte superior de su cabeza, deteniéndose, solo unos segundos —al menos eso trato— en inhalar su rico y fresco aroma a flores, y mar. En pocos segundos, de llenar posesivamente sus pulmones de tan rico olor, su mente divagó, y antes de que pudiese, detenerse, su mente ya se encontraba, viajando hacia al pasado. Hasta un momento, donde, de solo tener ese perfume cerca, podía olvidarse de todo. Tal y como lo estaba haciendo ahora.

Sus recuerdos lo llevaron a un momento en que sus vidas, no eran perfectas, pero al menos, aun, no comenzaban los problemas. Ni siquiera, estaban cerca del futuro que les esperaba. En el momento, al cual, sus recuerdos lo llevaron, no tenia nada en especial. Eran una de las tantas noches, que llegaba tarde para cenar. El familiar chirrido, casi inaudible de la puerta al cerrarse, llego a sus oídos. Usualmente, las vocecitas y exclamaciones de los gemelos, entusiasmados por su llegada, acallaban el sonido. Era tarde, sin embargo, y deberían estar descansando. Aunque conociendo a April, estaría con una linterna bajo las sabanas, y un libro. No sabría adivinar, cual seria el tema, o que autor, ya que a la niña le encantaba variar su lectura. En ocasiones, ni siquiera podía creerse, que una niña de cuatro años se interesara más en los libros que en las muñecas. Alec, era igual, pero más reservado, sin embargo. Tenía claro, que si «Mama» decía que ya era hora de dormir, era sensato obedecer. No obstante, cuando no quería ir a la cama, tenía argumentos claros y concretos, para negarse. Todos callaban sorprendidos, para escucharlo, menos Vanessa. Ella sabía exactamente, como tratar con ambos. Tenía esa habilidad, debido a que fue su inteligencia que heredaron. Aunque ella siempre se negara a aceptarlo.

Se escurrió, silencioso, por la casa hasta las escaleras. Las subió lentamente. Por diversas razones. La principal, era que no quería despertar a los niños, o a cualquiera que tuviese dormido. La otra razón, era obvia. Estaba cansado, y una especial migraña atacaba su cabeza. El causante, de tal padecimiento, no era el trabajo. —¡Ya quisiera! — Era su madre, la cual apareció en su oficina, con nuevos reclamos. Zadie, para su sorpresa, estaba entre esas réplicas. Su teoría, debido al mal comportamiento que tiene Zadie contra su madre, y ella, era que Vanessa estaba llenándole la cabeza de cucarachas en contra de ambas. Cuando, le constaba, que era todo lo contrario. Vanessa entendía que no quisiera ver su madre, pero el mal comportamiento que estaba adoptando con su abuela, debido a que la misma, insistía en que debida hacer las paces con Harley. Y olvidar todo.

           

Su madre estuvo cuatro horas —al menos hasta donde llego a contar— dándole una reprimenda. En toda la conversación, puede decirse, que no dijo nada. De hecho, permaneció callado, cuando llovieron ofensas, en el modo el cual Vanessa estaba educando a sus hijos. ¿Cómo lo hizo? Pues, suspiraba, ladeaba la cabeza y adoptaba una expresión seria y calmada, mientras desechaba —con gran esfuerzo—, todos esos comentarios, mal infundados. Al final, dio frutos, su madre se fue satisfecha de que había cumplido su cometido. Dejaría de regañarme, como si tuviese dos años, el día en que le dé la noticia de que me divorciaré de Vanessa, pensó irónicamente. Al terminar de subir las escaleras, ya tenía la corbata desatada del todo, y la camisa abierta a la mitad, mientras su chaleco azul marino colgaba de su brazo izquierdo. Le echo una mirada a la puerta entre abierta de cada habitación, para verificar que los niños estuviesen dormidos. Sonrió burlándose de sí mismo, al ver la puerta cerrada de la habitación de Zadie, preguntándose cuando había dejado de necesitar dejar la puerta entre abierta, para que pudiese entrar y desearle las buenas noches, o tuviese un escape fácil, cuando los horrendos monstros, que decía vivir en su armario, saliesen.

Al llegar a su propia habitación, giro despacio el picaporte. No estaba seguro, que Vanessa estuviese despierta. En ocasiones, le esperaba despierta, con cara de pocos amigos, debido a su llegada tarde, en otras… le encontraba exactamente como lo estaba en ese instante. Con la televisión encendida, cubierta hasta las orejas con las sabanas y acorrucada en el lado izquierdo de la cama.

Lanzo su corbata y chaqueta, sin preocuparse mucho si cayeron o no en el sillón de la esquina. El rostro sonrojado de su esposa, por la fría brisa que entraba por las ventanas, llamo su atención. Una vez las cerro, y se despojó su ropa, dejándola desparramada en el suelo, fue a la cama. Ya mañana residiría, su merecido. Sonrió, al imaginar la mirada desaprobatoria de Vanessa, al ver su desorden. Casi nunca decía algo al respecto, pero cuando reventaba era sensato salir de su camino.

Atraído, por el placer de estar bajo las sabanas, junto al cálido cuerpo de su esposa, se deslizó hasta ella, y teniendo especial cuidado no despertarle, le abrazo. Permitió que su nariz hurgara en su cabello, e inhalo su aroma. Cerró los ojos, debido al placer y la paz le envolvió. Ella gimió en protesta, luego trato deshacerse de su abrazo, para darse la vuelta y encararlo.

—Vuelve a dormir, mañana escucharé todo lo que tengas que decir, amor mío.

Escucho el trémulo suspiro que salió de sus labios, pero supo, cuando tomo la mano, —que le envolvía—y acaricio sus nudillos, que había olvidado todo.

Entonces, se regañó a sí mismo en tan solo pensar en complacer a su madre, en el pasado, alejando a Vanessa de su vida. ¿Qué era lo que recordaba antes de cruzarse en su camino?

En ese punto de su vida, no lo recordaba. No pudo recordar lo que era sentirse solo. Llegar a casa, y ver que la cama estaba vacía. Levantarse y comprobar que, seguía estando vacía, que todo en su vida estaba vacío. Era cierto que había vuelto al mismo departamento que había compartido con su hija, por años, después de su divorcio con Harley. Pero la luz de las mañanas no eran iguales, no estaba Zadie para llenar, con una simple sonrisa, todo el lugar. Al contrario, después de años de ausencia, sentía que ya no pertenecía a ese lugar. Tuvo que acostumbrarse, sin embargo. Su matrimonio con Vanessa fue un fracaso, se repetía noche tras noche, durante todo un año, cuando sentía la necesidad de buscarla.

Escuchar sus sollozos era como si unas crueles garras le arañaran la piel. Sus manos acariciaron su espalda, buscando calmarla, así como a su propio dolor.

«Todo esta bien» «Todo esta bien»

Le repetía a la oído. Ella negaba suavemente en respuesta, y murmuraba una negativa. Santo dios, no podía saber lo que le sucedía, si ella se negaba a calmar su llanto.

—Te equivocas. —le dijo. Su voz sonó trémula, pero clara, cuando repitió— Te equivocas. Nada estará bien.

Entonces, cediendo a su rechazo, permitió que se alejara. Su piel cosquilleó en protesta, al frio que le invadió, un segundo después de que su cuerpo se alejara del suyo. ¡Dios! No era cierto, no podía estar extrañándola de esta forma. ¿Cómo era posible? ¿Después de años? ¡Y justo ahora! ¡De la noche a la mañana!, pero no dejaría arrastrarse por viejos sentimientos, lo cuales, fácilmente lo llevarían a la vía del fracaso. No podía dejarse llevar por la dulzura, y placer, que el pasado podía otorgarle.

Cuando levanto la mirada, se sorprendió así mismo sentado en el sofá. Con la mirada en algún punto muerto. Cuando recorrió con la mirada la estancia, descubrió a Vanessa justo a las ventanas. De brazos cruzados, con la mirada perdida en la oscuridad de la noche, y las lagrimas, brillando a la luz de la luna.

Al acercarse, y darse cuenta de la profunda carga de tristeza que su mirada contenía, fue imposible volver a mantener firme sus defensas.

—Vamos, toma asiento. Lo necesitas.

Ella no hizo ningún movimiento, permaneció como si fuese una estatua. Le preocupaba, el daño que pudo causarle esa invitación. Era obvio que no había recuperado la memoria, lo cual era alarmante. ¡Maldición! ¿De dónde diablos habían salido esa invitación?

Quiso preguntarle, dios sabía cuando le costaba mantener la boca cerrada en ese instante.

—¿Me permites estar sola? Eso es lo que necesito.

—Una taza de café, y una ducha. Eso es lo que necesitas.

Hubo un silencio. No supo cuanto tiempo, pero sintió que fueron horas. Hasta que Vanessa le miró, y en boca se formó en una sonrisa. Una sonrisa tan falsa, que no se molestó en mantenerla un segundo más, para luego decirle;

—Siempre tuve la esperanza de que dejaras de tratarme como a una muñeca que debes conservar. Estuve equivocada, sin embargo, sigues siendo el mismo.

Su voz se escuchó amarga. No sabría si describir lo que dijo, como un simple comentario, o algo que desagradaba y odiaba.

—El mismo.

—No del todo. —le dijo.

La carencia de expresión de su rostro, le hizo fruncir el ceño. Pero antes de que hablara, ella le interrumpió;

—¿Hasta dónde llegamos? ¿Qué fue lo que sucedió con todo?

No supo a que se refería con eso hasta después de unos minutos de saborear las amagas palabras. «¿Qué sucedió?»

Había muchas respuestas para esas preguntas, pero al mismo tiempo, no tenia idea de cómo contestarle. Sucedieron… cosas, muchas cosas. Fue el tiempo el cual destruyo todo. Tal vez, su familia tuvo razón. «Cometió un error con Vanessa» ¿Pero, como…? ¿Cómo podía pensar, o siquiera consentir esas palabras? Cuando amó tanto a esta mujer. Cuando ella le dio a esos niños traviesos, que le daban una sonrisa, cuando más lo necesitaba.

No. Vanessa fue todo lo contrario a un error en su vida.

Por un momento, la idea de evadir su pregunta, fue tentadora. No obstante, —aunque estuviese cometiendo un error— hablar, y dejar las cosas claras desde ese momento no seria mala idea. No se permitió pensarlo un segundo más, y se sorprendió al escuchar sus propias palabras;

—Fueron muchos los motivos.

Estuvo casi seguro de que iba a mencionar la principal razón directamente. Pero, ¿Cómo podía hacer eso?

Entonces fue cuando lo vio en su mirada, ella parecía dudar… o tal vez examinar, la verdad en sus palabras. Luego su expresión se tornó pensativa. La vio caminar, —con unos pasos inseguros— hacia el sofá, donde tomo asiento.

—Así que… fue un fracaso. —Le miro, y por su expresión supo que debió de haber algo de confusión en su rostro— En nuestro matrimonio, quiero decir. —Aclaro.

Como si hubiese tenido esta conversación un millón de veces, suspiro profundamente, y fue a sentarse justo a ella —manteniendo una estricta distancia—. A decir verdad, esta conversación nunca la tuvieron, y era casi un alivio, al igual que una tortura tenerla hasta ahora.

—Yo fui feliz, al menos. Así que, no lo describiría así. Solo… no funciono como esperamos.

¿Cómo decirlo en palabras claras, cuando ni él sabía explicárselo mejor?

Vanessa limpió las lágrimas de su mejilla, y suspiro profundamente, antes de sostenerle la mirada por un buen rato. ¿Por qué le era tan difícil explicarle esto? Era Vanessa, la misma persona de siempre, aunque actualmente estuviese viviendo en el pasado.

Ella sonrió, esta vez, el humor amargo brillo en sus ojos, y la sonrisa permaneció por varios segundos.

—Papa hablaba igual que tú, ¿sabes? —sus ojos captaron la atención de algo en la alfombra— Hablaba de igual manera, cuando no tenia palabras que decir. —sacudió su cabeza, como si de esa forma estuviese ahuyentando sus pensamientos— No sé ni porque estoy diciendo estas cosas. Yo… —hubo un silencio por unos segundos, pero luego le miro y pregunto llena de preocupación— Los niños ¿Cómo tomaron todo?

Quiso sonreír, ante su pregunta, pero lo que le detuvo fueron esas auténticas lágrimas de preocupación.

—No fue el mejor momento para ellos, pero al final, comprendieron.

—Me alegra no recordar nada. —murmuro.

Entonces, sus lágrimas volvieron, esta vez, acompañadas por unos leves sollozos.

—Yo… creo que es mejor irme… a la cama. —balbuceo.

Aunque era exactamente lo que trato de buscar desde que la descubrió aquí, algo le impulso a no dejarla ir. Rápidamente se acercó le impidió ponerse de pie, cuando la tomo del brazo.

Vanessa miró sin entender.

—Aún no. Antes quiero saber de donde sacaste la invitación.

Ella tiró del brazo que la sostenía con firmeza, y la dejo ir. Luego sus miradas se encontraron, nuevamente.

—No hay necesidad de hacerlo. Es comprensible que la tenga cuando fue enviada, para mí. Claro, hubiese preferido saberlo en mejores situaciones. Pero no te preocupes, estoy segura de que puedo acostumbrarme a que todos me oculten cosas.

—Vanessa…

—Quiero… —De pronto su voz comenzó a quebrarse, entonces trago y comenzó nuevamente con lo que iba a decir— No sé lo que sucedió para que pasara esto, y es evidente que no quieres contarme. Tengo mis sospechas, pero, ¿de qué sirven? Todo está hecho. Tomamos caminos diferentes. Te casaras, y espero que seas feliz.

Zac permitió que su sonrisa floreciera. No podía esperar menos de ella. Era lo que exactamente, se esperaba. Pero solo en una situación como esta. Que estuviese borracha, o con amnesia.

Sin detenerse, despejo con sus dedos las lágrimas que caían por una de sus mejillas, prolongando la caricia. Teniéndole cerca, nuevamente, le era imposible contenerse y no acariciar su dulce piel.

—Pronto, esto será como un mal sueño, ya lo veras.

—Como quisiera que lo fuese. Pero es mi realidad, y más vale enfrentarla. —sostuvo su mano contra su mejilla, pero un segundo después trato de apartarse— Lastima, es lo último que quiero de ti. Zac…, por favor,…

¿Qué le sucedió? ¿Dónde estaba su sentido común?

No lo sabía.

Sus ojos se encontraron con esas lagunas cafés. Luego recorrió su rostro, como si nunca volvería a verle y quisiera un retrato impregnado en su mente. Sus mejillas florecían, sonrojadas. Todo su rostro estaba húmedo, debido a las lágrimas y traspiración. De pronto, se vio deseando y codiciando, sus labios. Estos se mostraban entreabiertos, como si le hicieran una silenciosa invitación, casi pudo imaginar que probaba el dulce sabor de ellos en su paladar.

Al acercarse, sintió su negativa, pero la ignoro. Estaba segado.

Pudo saborear su aliento a alcohol, el cual llego a su cabeza y borro todo. Cualquier pensamiento razonable, quedo en el olvido. Una vez sintió la textura aterciopelada de sus labios contra los suyos, le escucho murmurar una negativa. Pero no lo detuvo. Peor, recordó todos sus rechazos, lo cual causo una fuerte posesividad por esa mujer, abrazarlo. Atrapo su boca como si fuese un hombre poseído, muerto de sed. La mano en su mejilla se deslizó de su cuello a su nuca, sosteniendo su cabeza, donde deseó.

Por primera vez en años estaba probando, saboreando lo que fue suyo.

Vanessa se apretó, mas cerca. Sus lenguas se debatieron. Gruñó por la respuesta inmediata de ella. «No… ella era suya, siempre lo seria» En su cabeza se repetían las palabras. A la misma, parecía llegar el alcohol que saboreaba en su dulce boca. Era como si estuviese embriagándose.

Tan pronto como sucedió todo, así termino. Vanessa le empujó, solo un poco y detuvo su beso. Su respiración era agitada, y fue necesario tomar aire un par de segundos. Sabía que las lágrimas no se habían detenido, por qué aun las sentía sobre su mejilla. Llorar era algo, casi natural en su estado. Si quiera podía controlarlo.

—Te amo, ¿sabes? —sus respiraciones se mezclaban. Algo en su mente le repetía que no sucumbiera a la tentación. Que estaba mal, pero, ¿Cómo podía estarlo cuando su corazón correteaba alocado, por una razón y era él.

Un terrible escalofrió le recorrió en ese instante. Ni siquiera le preocupo, lo que acabo de hacer, solo se permitió detenerse a saborear esas palabras. Pero de inmediato, antes de que su cabeza comenzara a divagar se dijo que ella vivía en el pasado. En ese pasado donde aun le amaba.

Entonces, con la sensación de tener la cabeza en orden, le sonrió, lleno de nostalgia.

—Estás confundida, cuando recuerdes…

—Zac. —le detuvo, mirándole firmemente a los ojos— Perdí la memoria, lo cual no implica que mi corazón la pierda igual.

—No entiendes…

—Lo hago. Mejor de lo que te puedes imaginar. Pero… —suspiro, y se alejó lo suficiente para que no pudiese tocarla, nuevamente— Olvida lo que dije. Me alegra que… sigas adelante.

No sabía si lo estaba diciendo por el efecto del alcohol, la amnesia o en verdad lo sentía. Ella parecía tan segura al decirlo, podía apostar que el alcohol tenía algún efecto en su cabeza en ese instante, pero seguía pensando con claridad a pesar de todo.

Sus ojos le miraron brillantes, como si estuviese luchando consigo misma para formar una sonrisa en su rostro.

—¿Le amas?

Su pregunta le tomó desprevenido. No obstante, respondió con total sinceridad, aunque no le parecía buena idea. Pero, no hablarle con la verdad le estaba causando mucho más daño, que cualquier cosa.

—Si, la amo.

—Me da mucho gusto. —su sonrisa floreció— ¿La conozco? — Asintió. Sin apartarle la mirada, quería examinar cualquier expresión en su rostro. — Que cosas, tal vez le he visto en estos días, y ni siquiera me he dado cuenta. Cuéntame, ¿los niños… se sienten bien con ella? ¿Tienen una buena relación?

Era obvio que le preocupaban los niños, por encima de cualquier cosa. Y la manera en que formulo la pregunta, supo que estaba incluyendo a Zadie, también. Eso le hizo preocuparse, por la respuesta sincera que podía dar.

Fue entonces que su buena suerte tocó a la puerta, literalmente.

Zadie llamó, abrió la puerta un segundo después.

—Oh, Mama. Estas aquí. —dijo un tanto sorprendida.

Observo como Vanessa se pasaba las manos por las majillas. Quería ocultar las lágrimas. Lo cual era inútil, podía notar que había estado llorando a un kilómetro de distancia, sus ojos estaban irritados, y el rostro totalmente sonrojado.

—Yo… perdón, cariño, quería estar sola.

Zadie le miró con una obvia pregunta reflejada en su rostro «¿Qué sucede?»

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onlyylautner preguntó: Me encanto completamente el capituloo :') sube maaas seguido porfavooooooooor

Eso vere, pero por los estudios y eso de que mi lapto, aun, esta hospitalizada es deficil, pero tratare :D

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Capitulo 10

Primera Parte

Zac era tan diferente, e igual a como lo recordaba.
Cuando le conoció, era un hombre orgulloso, distante, amante de la soledad. En ese entonces, solo una cosa le importaba, y era su hija, por la cual (en muchas ocasiones) le dejo muy claro hasta que punto era capaz de llegar para protegerle.
Ahora, tenía la certeza, de que ese padre tan dedicado seguía estando allí. Se podía dar cuenta, en la forma en que los niños, hablaban tanto de él, y como les trataba.
Sin embargo, era un total, desconocido en otros aspectos.
Nunca, le fue indiferente. Nunca le hablo con frialdad, o mirarle como si quisiera que desapareciera de la faz de la tierra. Cada vez, que sus ojos fríos, como el hielo, le miraba deseaba exactamente eso, estar lejos… en un lugar donde no pueda vivir con esa imagen del hombre, del cual seguía estando enamorada.
El amor que sentía por él, era lo poco o mucho, de lo que estaba segura.

No obstante, la posibilidad de huir era imposible, tendría que enfrentar las cosas tal y como eran.
Zac fue esa mañana a casa. Dejándole totalmente sorprendida, supuso que la rutina se repetiría, pero se equivocó.
Por lo que le dijo, solo fue por los niños, quería llevarlos a la escuela ese día. Se negó, en más de una ocasión, a entrar y tomarse un café mientras los niños terminaban su desayuno. Algo que la enojo, sin embargo, no mostró ese sentimiento. Solo le sonrió, y lo acepto de buena gana, quedándose con el en el porche.
Él parecía no entender que había miles de cosas que tenían que hablar.
—Ayer no llamaste, como acordamos.
—Lo siento, estuve ocupado. ¿Algún problema con los niños?
—De hecho, sí. No tendrás que llevar April a la práctica de futbol.
Cuando le miro con el ceño fruncido, se sintió extraña bajo una mirada diferente, a la frialdad que siempre le daba por respuesta.
—¿Por qué?
—No le gusta. No sé que paso por mi cabeza o la tuya cuando la hicieron ir. Seamos sinceros, April no es una niña que pareciera gustarle ese tipo de cosas.
—Estuviste de acuerdo, y es cierto que nunca le gusto ir, pero es necesario que practique algún deporte…
—Yo nunca lo hice, y estoy viva. —Sonrío al darse cuenta que en ese aspecto, la niña tenía un perecido a ella— A lo que me refiero, es que no es bueno que la obliguemos hacer algo que no le gusta. Y si es tan importante que haga algún deporte, apuesto que podemos buscar uno que le agrade.
—Eso hicimos, el futbol fue algo que eligió porque algunas de sus amigas iban a la practica también.
Vanessa se quedo mirándole por un momento.
—Me sorprende escuchar eso, porque ayer me dijo que sus compañeras no son muy amables con ella.
—Bien, supongamos entonces que no fuera. ¿Qué vas a hacer cuando tengas que trabajar?
Zac se cruzó de brazos, mirándole interrogante. No sabía de qué estaba hablándole ¿acaso no sabía que tenía amnesia?
»Hablo de cuando recuperes la memoria. Tu horario está perfectamente coordinado con los de los niños. Si April no va a la práctica de futbol ¿la cuidaras mientras trabajas?
—Es un buen punto, no te preocupes, me las arreglaré. Pero, hoy tendrás que hacerlo tú.
Y allí termino todo.
Después que se fuese con los niños, llevo a Zadie a la universidad, no sin antes llamar a Ashley y avisarle de que no podría ir con ella al trabajo. Era agradable estar con ella, pero pretendía quedarse en casa y buscar algo que pueda ayudarle a recordar.

Los días pasaron y Vanessa seguía igual, en algún momento no aguantaría la espera y la llevaría a un doctor. Aunque, la misma luciera radiante y nada enferma. Pero, no podía seguir en la misma situación de siempre.
No podía manejar su aparente disgusto, a como la trataba. Era cierto que de un momento a otro, apareció otra Vanessa, pero el no podía cambiar con la misma rapidez. Esa era la manera en que se trataban el uno al otro.
Aunque, siendo del todo sincero, nunca le evito de la manera en que lo hacia. Sin embargo ¿cómo esperaba que le tratara de la misma forma que antes, cuando ella no lo hacia?
Las cosas, que su mirada, y actitud, estaban revolviendo dentro de él eran asfixiantes. Eran cosas que creyó olvidadas, o que al menos estaban dormidas dentro de él. Pero sucedía todo lo contrario. Y para su maldición, ocurría justo poco tiempo después de que decidiera, por fin, comenzar desde cero.
Blake no se merecía, ningún tipo de dudas. Con respecto a la decisión que tomaron, tan sigilosamente.

Estar cerca de Vanessa era como revolver todo el pasado. Cada gesto, o una simple mirada, le hacia recordar a ese ser maravilloso, que solía ser. Y que ahora volvía, gracias a su amnesia. Cosa que le recordaba, que lo mejor era mantenerse lejos de ella, para cuando recuperase la memoria, no tenga nada de que arrepentirse.

Como era de costumbre, paso el resto del día con los niños en el departamento. Zadie se negó y le dijo que preferiría cenar en casa. Esa niña, era también, un dolor de cabeza. Desde que su relación con Blake fue oficial, Zadie marcó su distancia, no sin antes dejarle claro que no le gustaba su relación con Blake. Trato de hablar, y de acercarse un poco más a ella, pero le era imposible hacer algo cuando Zadie se negaba, siquiera a pasar tiempo con él.

—¡Mama, estamos aquí!
Exclamo, Noah. Una vez, Zadie les abrió la puerta, tres torbellinos pasaron por su lado, sin saludarles.
—¡Hola, a ustedes también!  —Les grito, irónica.
Una suave risa llenó el silencio después. Zac sonrió, tan solo al escucharle reír, sin poder evitar, mirarle y preguntarse; ¿adónde fue su pequeña Zadie?
La misma pareció, darse cuenta que estaba del otro lado de la puerta, y le miro con una pequeña sonrisa.
—¿Vas a pasar?
—No lo creo, ya es tarde y los niños tienen que irse a la cama.
Fue entonces, que se escuchó a Alec preguntar; «¿Dónde esta mama, Zadie?» Frunció el ceño, le parecía extraño que a estas horas Vanessa no estuviese en casa ¿A dónde podría ir si tenía amnesia?
—¿Vanessa no está?
—Supongo que no. Hace unos diez minutos, llegue y no estaba. Le trate de marcar a su celular, pero no lo lleva consigo, ni su bolso.
Era extraño. Pero, era de suponer que no estaba lejos.
—Entonces, no tardara. Igual me quedaré, para asegurarme que los niños vallan a la cama.
Dienciendo esto, entro a la casa. Su hija cerro la puerta tras de si, y se adelantó hasta la sala, donde los niños se acomodaban para ver la televisión.
—De ninguna manera, vamos a la cama. —Ordeno.
Estos le miraron con una suplica silenciosa.
—¿Te quedaras? —Indago Noah
—Solo hasta asegurarme de que vayan a la cama. Sin protestas.
Les sostuvo la mirada por unos segundos, hasta que estos decidieron obedecerle, cada uno tomó su mochila y emprendieron su camino, subiendo las escaleras.
—Yo ayudaré a Noah. —Le anuncio Zadie, subiendo tras ellos.
Siguiéndole los pasos camino tras suyo, pero justo en el pie de las escaleras, escuchó un ruido del despacho. Fue más bien, como el ruido de una botella al caerse.
Frunció el ceño, y al ver que Zadie seguía subiendo las escaleras, ajena a lo que había escuchado, decidió investigar.
—Cariño, en un momento estoy contigo.
Con una mirada confundida, Zadie asintió, y siguió su camino, haciendo caso omiso a que, sin esperar respuesta su padre se dirigió al despacho.

Las luces estaban apagadas, y al abrir la puerta, no escucho nada. Todo parecía tranquilo, hasta que los cristales abiertos de las ventanas llamaron su atención. Fue entonces, que vio una sombra moverse a la luz de la luna, que iluminaban una parte de la estancia. Sin perder tiempo, entro y busco el interruptor encendiendo la luz.
Al instante escucho un gemido de dolor, y su mirada se detuvo en la causante de todo.
Vanessa dio una vuelta tambaleante hacia él, con los ojos entrecerrados, y una botella de licor en su mano, acompañado con un baso en la otra. Y, por dios, estaba completa, y absolutamente, borracha.
Sin reaccionar, observo con extremo detalle todo a su alrededor. Una botella de su colección de vinos, en el suelo, totalmente rota, a unos cuantos pasos del escritorio. Había una botella, en la repisa de licores, que derramaba su contenido en la alfombra, y la cual Vanessa parecía ignorar.
—Casi me matas del susto. ¿Acaso desaparecieron sus modales? ¿Por qué no tocas antes de entrar?
Su voz se escuchó turbia, y cuando camino, tambaléate, con la botella y el baso en la mano, el mero impulso de correr hasta ella, para sostenerle, fue imposible de contener. Aunque deseo, al instante de llegar a ella, que debió dejarle y ver como se lastimaba. Fue entonces, que la cólera le cegó. ¡Maldición! Era lo menos que se merecía. Vanessa estaba conciente, que le hacia el alcohol. Solo por una copa de vino estaba, borracha. Además de eso estaban los niños ¿Cómo pretendía cuidarles en ese estado?
Sin duda le debía una larga… larga, explicación.
—Dame, eso. —Ordeno. Pero Vanessa no cedió, se alejó de él dando unos pasos peligrosos hacia atrás, y negó rápidamente con la cabeza.
»Vanessa, te lo advierto. Dame, eso.
Como espero volvió a negar con la cabeza, abrazando la botella a su pecho, y bebiendo todo el contenido del baso.
—No soy una muñequita, que sigue… que sigue tus órdenes.  —Balbuceó, de la manera más clara, que creyó posible, en tal estado de ebriedad. Acto siguiente, dejo caer el baso, sin embargo, al contrario de la botella de vino, este solo hizo un sonido sordo al caer sobre la alfombra.
—¿En qué diablos estás pensado? Los niños están arriba ¿pretendes que te vean en tal estado?
Las facciones de su rostro se suavizaron, y sus ojos mostraron un brillo suave, lleno de vulnerabilidad y de la más oscura y profunda tristeza que hubiese visto en ella. Además, ahora que se detenía a verle con detenimiento, sus ojos estaban irritados e hinchados. Parecía que había estado llorando, lo que delataban sus mejillas sonrojadas y húmedas.
—Déjame en paz.
—¿Qué sucedió? ¿Por qué lloras?
En respuesta, ella apartó la mirada e hizo una mueca, restándole importancia. Bebió un largo y preocupante trajo de la botella, sin inmutarse. Entonces, su mirada se vio detenida en un punto fijo.
Siguiendo la misma, descubrió que miraba fijamente el escritorio. Frunció el ceño, sin entender, pero entonces un papel blanco, llamo su atención. Era un sobre, bastante familiar, justo a un listón dorado. Entonces, sin detenerse camino hacia el escritorio. Casi al instante de tomar el sobre, Vanessa se abalanzó hacia él, y peleo para poder quitárselo.
—¡Es mío! ¡Zachary, no tienes ningún derecho! ¡Dámelo!
Alejo el sobre de su alcancé, y sonrió con satisfacción al ver como ella se alzaba sobre sus pies para tomarlo.
—Haremos un intercambio, si me das la botella te daré lo quieres.
Pudo ver el auténtico desprecio en sus ojos, pero cedió. Le entrego la botella sin problemas, sin embargo, tenía curiosidad de saber que contenía ese sobre que parecía importarle tanto.
—Ahora, dámelo. —Exigió ella, con sorpresiva lucidez. Parecía borracha, pero totalmente consiente de sus acciones en ese momento.
Esquivando sus esfuerzos para quitarle el sobre, logro alejarse de ella, y tan solo al mirar las letras que decoraban la parte delantera del mismo, tuvo suficiente.
«Zachary Stanton & Blake Lively»
Era algo súbitamente ridículo, mirar el contenido, si lo sabía a la perfección.
Era una invitación a su boda.
Una mirada enigmática, quizá con enojo, se posó sobre Vanessa quien quedó inmóvil ante su mirada, helada.
—¿Dónde la encontraste?
No había una sola invitación que se haya enviado. De eso estaba completamente seguro. No se enviaría hasta pasado un mes, o hasta que los niños sepan la noticia, al igual que Zadie y… por lo visto, Vanessa ya lo sabía.
—Eso no es tu asunto, ahora, dame eso.
—¡Por supuesto, que es mi asunto! ¡Y me vas a decir de donde la sacaste! —Exclamo, perdiendo casi toda su paciencia. — Estoy esperando una respuesta.
Vanessa le miró con ojos feroces, llenos de un intenso enojo y quizá odio, lo cual que le hizo preguntarse si debía apartarse de su camino, o seguir allí.
—Dámelo, Zachary. —Exigió.
Sin apartar la mirada, dejo la botella en la pequeña mesita a al lado del sofá, y al hacerle entender que no tenía ninguna intención de dársela, Vanessa volvió abalanzarse contra él. Esta vez, le tomo por sorpresa y se tabaleó hacia tras, cayendo, sin poder evitarlo, en el sofá. Un segundo después, sintió el peso de Vanessa caer sobre él. Un pequeño dolor, le recorrió la espalda, debido al impacto, sin embargo, todo eso se esfumó al ser conciente de que el cuerpo de Vanessa estaba sobre él.

Al encontrarse con sus ojos, tan cálidos como un día de verano, que le miraban fijamente, le fue imposible apartar la mirada. Desde hacia tres años, no le tenía tan cerca. Y desde entonces, le había despreocupado, la manera tan trasparente que se mostraba con tal solo una mirada. Su cuerpo temblaba. Un palpable, miedo se reflejaba en sus ojos. ¿Qué la llevo a embriagarse de ese modo? ¿Acaso su memoria había vuelto? ¿Había sido esa invitación la culpable?
Si hubiese recuperado la memoria, descartaba la última posibilidad. Sin embargo, si todavía seguía su amnesia, seria entonces, un problema.

Sus ojos brillaron con lágrimas, lo cual le llamo la atención, olvidando todo. Los problemas, el resentimiento, los «¿Por qué?»…
A cambio, todo fue remplazado por ese, sentimiento natural, de protección, que se había fortalecido, y luego olvidado con los años.
—No lo hagas.
Vanessa no se movió, en cambio, pareció no darse cuenta de la solitaria lágrima que humedeció su mejilla. Sin pensarlo, apartó la humedad con una caricia. Casi de inmediato, Vanessa se aferró a ese toque y balbuceo;
—Por favor,…
Verla en ese estado, le causaba un intenso dolor en el pecho. Como si estuviese sangrado, por causa de su dolor.

Sin poder evitarlo, y solo con el propósito de calmarle, la rodeo en un abrazo. Ella se lo  devolvió, y se aferró a él, sin previo aviso. Vanessa murmuraba cosas, las cuales no entraban en su razonamiento, por lo que permitió sollozara a su voluntad hasta que pudiese calmarse.
Continuará…

Ecos Del Pasado
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Capitulo 09

Tercera Parte

—¡Vamos a ver a la abuela!
La exclamación, inesperada, de April le sobresalto.
Ashley, sin embargo, sonrío abiertamente, ante la respuesta de la niña, y aparco el auto.
—Si April, vamos a ver a Eileen. —Contesto Ashley.
Vanessa imaginó que los niños no visitaban a su abuela muy seguido, sin embargo, el entusiasmo de April le decía que no estaba en lo cierto. Deseó preguntarle a la niña, cuando fue la última vez, que le trajo, pero inmediatamente, Ashley aparcó el auto, April se desabrochó el cinturón y se deslizó hacia la puerta.
—Vamos, mami. Date prisa.
Bajo del auto, y justo cuando cerro la puerta una impaciente April le sostuvo de la mano y la apresuro a caminar hacia la entrada.
Ashley sé hecho a reír en voz baja a su lado.
Era una enorme mansión, y si no hubiese sido por el letrero en la entrada, no hubiese imaginado que era un asilo. Poseía un enorme jardín delantero, donde varias enfermeras paseaban algunos envejecientes, otros solo estaban tranquilamente sentados bajo alguna sombra de un árbol.
Al entrar, sintió como si hubiese entrado a una sala de hospital. Todo era muy parecido. Solo que no había emergencias, ni mucho movimiento, si no varios pacientes paseando tranquilos, y enfermeras.
Fue April quien tiró de su mano para que siguiera a Ashley, al parecer estaba muy distraída con todo a su alrededor.
Mantuvo cierta distancia, cuando Ashley se acercó a la enfermara, que detrás de un escritorio parecía muy ocupada con un montón de papeles.
Cinco minutos después, otra enfermera les pidió que la siguieran. Pasaron varios pasillos, hasta que se detuvieron una puerta que tenía el número 125 enmarcado.
—Ella parece recordar, por algunos breves momentos, su visita señora Tyler. —Dijo la enfermera, refiriéndose a ella— Hoy no ha preguntado por usted, pero ayer lo hizo varias veces. Presiento que le hará bien su visita.
Dicho eso, abrió la puerta entrando despacio.
—Eileen, tienes visita. —Anuncio la enfermera.
Aunque April estuvo tirando de su brazo, no se movió. Estaba lo suficientemente nerviosa, para no hacerlo. ¡Por el amor de dios! Cada vez, que Eileen la veía cerca, quería destrozarla con la mirada. Ahora, de la nada, le dicen que a pesar de tener demencia senil, la recuerda. Era algo increíble, e imposible de no asombrarse.
—Mami, vamos. —Insistió, April.
—Ashley, adelante, yo hablaré un minuto con April.
Después de que la enfermera se retiró, y Ashley entrara a la habitación cerrando la puerta tras de si, Vanessa miró a su hija y se puso en cuclillas para estar a su altura.
—Mi amor, no sé cuan seguido vienes a visitar a la abuela, pero quiero que recuerdes que no puedes precipitarte a decirle que eres su nieta…
—Ya lo sé, mami, me lo dices millones de veces. Hasta que tu no le digas, yo no puedo decir nada. Eso le haría daño.
Se sorprendió, y luego de haber procesado la información, se alegró saber que sus niños venían a visitar a su abuela.
—Buena chica. Ahora, quiero me hagas una promesa. Tu padre no puede que saber estuvimos aquí, de hecho, nadie puede saberlo.
—Pero dijiste que no podíamos mentir ¿qué le diré si me pregunta?
Vanessa se vio atrapada entonces, no podía obligarle hacer algo que le había prohibido. La mejor opción que podía tomar era confiar en que April no se le corriera mencionar que estuvieron allí.
—Tienes razón, mi amor. Lo siento. Entremos.
Se preguntó que hacia anteriormente para que los niños no le dijeran nada a su padre. Por lo que dijo April, ella los llevaba a ver a Eileen, eso significaba que Zac podría saberlo. O tal vez, solo sabía que llevaba a los niños, pero no que ella fuera casi siempre a ver a su madre.

Al entrar, casi con miedo, de saber que iría a descubrir, Ashley le sonreía amistosamente, a una mujer casi desconocida. Un segundo después, de que la puerta se cerrara tras suyo, y captara así la atención de la mujer, la reconoció de inmediato.
Su cabello, canoso y talmente blanco estaba sujeto en su nuca. Cosa que no solía ser de Eileen Stanton, era cierto que nunca le vio con ese brillante cabello rubio suelto, pero siempre estaba ordenadamente sujeto a un moño elegante y discreto.
Parecía otra persona.
No obstante, esos ojos azules brillantes como un cielo de primavera, le miraron sonrientes, entonces la reconoció. Había visto ese brillo de alegría, cuando miraba a Zac. Siempre tenía esa dulce sonrisa para él.
Hecho el cual, la hizo sentirse extraña. Sin embargo, una parte de sí misma estaba acostumbrada a recibir ese trato por parte de la mujer.
—Acércate. —Le pidió, y extendió sus manos— Estaba esperando tu visita. Vamos, no te quedes allí.
April, aun seguía sujeta a su mano, sin embargo, cuando dio un paso hacia delante le soltó.
Era extraño, sentir ese cariño, de una persona que durante tanto tiempo mostró libremente su desprecio hacia ella.
Sentir sus delgados y temblorosos brazos envolverle con ese cariño, le hizo sentir que descargaba un gran peso de sus hombros. Era tal, el alivio, que permitió que esas lágrimas, que comenzaron a picarle los ojos desde la vio salieran libremente.
Eileen la parto de su abrazo, tomando sus manos. Vanessa tragó un largo y tembloroso suspiro, tratando de calmarse. Entonces, le miro.
—¿Por qué estás triste, florecilla? ¿No estás feliz de verme?
«¿Florecilla?»
Vanessa sonrío, y permito que una suave carcajada se le escapara al escuchar eso. Ni siquiera la madre de Alex, (su madre) a la que amo incansablemente, le hablo alguna vez de esa forma.
—Si, estoy feliz. No le preste atención a mis lágrimas.
Eileen miró, como si no la reconociera, borrando casi por completo la calidez de sus ojos.
—¿Por qué me hablas de ese modo?
Entonces, se dio cuenta de su error. Definitivamente, no estaba acostumbrada a tratarle con la más mínima confianza, siempre le hablo en un tono formal y casi indiferente, el cual no pudo controlarlo al haberle.
—Yo…pues… no fue mi intención, es que… no he estado bien.
Al menos esa (no muy convincente) razón le calmó, y casi instantáneamente la sonrisa de Eileen volvió.
Entonces, acaricio su cabello, acomodando varios mellones tras su oreja.
—Hace tanto tiempo, que no vienes a verme florecilla. —Dijo— Creí que te habías olvidado de mí, eres la única que viene a visitarme. Me sentía tan sola. —Una sombra llena de tristeza se asomó a sus ojos, pero casi tan rápido como vino se fue— Pero estas aquí, eso es lo que importa. Ven, vamos, sentémonos, así podremos hablar y presentarme con tu amable amiga.
Eileen le hizo caminar hacia una mesa de tres sillas que estaba a una esquina de la habitación. Al parecer, no se había percatado de la presencia de April.
—Hay alguien que también quiero presentarte. —Anunció, una vez, tomo asiento— April, acércate.
La niña no parecía sorprendida ante la situación, e incomoda, mucho menos. Parecía más bien acostumbrada.
Eileen tomó asiento para recibir el apretado abrazo de April, y la habitación se llenó de su carcajada cuando su hija le saludó llamando le «abuela»
—Es están adorable como tu, florecilla.
Vanessa no supo si estaba al tanto, de que April era su nieta, o si recordaba a Zac. Sin embargo, no le dio importancia, ya que ella parecía estar muy cómoda con April, llamándole, abuela.

Al llegar a casa, después de tan largo día. Los niños tomaron una ducha, hicieron sus tareas, sin protestar. Ecepto por Alec quien parecía el más rebelde. Cenaron, y casi de inmediato estuvieron dispuestos a ir a la cama. Aunque, con April tendría una conversación antes de dormir.
Como lo espero, Zac no llamó. Ni siquiera fue a ver a los niños, y cuando le pregunto a Zadie si había recibido alguna llamada de su padre; Le frunció el ceño, se encogió de hombros y por consiguiente le dijo; «Seria raro si me llamara, usualmente solo lo hace, cuando cree que necesito limitaciones»
 Y entonces, se fue a su cuarto sin decirle, más.
Definitivamente, había muchas cosas que tendría que cambiar.
Y comenzaría, con April.

Toco dos veces la puerta y al instante escucho la voz de su hija, haciéndole pasar.
April, ya estaba en la cama, con las luces encendidas. Parecía que le estaba esperando.
La preocupación, reflejada en el rostro de la pequeña, al verla entrar y cerrar la puerta, le dijo que las cosas eran más serias de lo que pensó. Además, la niña parecía tenerle… miedo.

Sonrió, y se acercó. No tenía experiencia en niños, pero sentía que sí. Además, de una enorme necesidad de proteger a sus hijos de cualquier cosa que los molestara.
—¿Lista para dormir?
April se escurrió bajo las sabanas, cubriéndose hasta las orejas. Vanessa solo le acomodo la almohada bajo su cabeza.
—Dime, cariño ¿Por qué me dijiste que no les agradas a tus compañeras?
No tenia que especificarle, cuales. April entendió a la perfección. Vio la incertidumbre en sus ojos, que la delataban.
April solo se le quedo viendo, sin estar dispuesta a contestar a su pregunta.
—Puedes contarme lo que sea. ¿Acaso no confías en mí?
Para su gran alivio, la niña asintió.
—No les agrado, porque… ellas dicen que soy rara, y… esas cosas.
—¿Qué cosas?
—Dicen que soy torpe.
Vanessa entendió a la perfección la incertidumbre que mostró la niña al principio. No pudo evitar recordarse así misma siendo molestada por algunas niñas, por su apariencia. En este caso era diferente, April era muy pequeña.
¿Qué les pasaba a esas niñas por la cabeza?

Sus mejillas ardieron, y estuvo casi segura de que April lo estaba notando, pudo verlo en sus ojos. Fue entonces que se obligó a disipar la ira que fue acumulándose poco a poco. Vanessa suspiró, y sonrío, tratando, de alguna forma, de borrar esa expresión del rostro de April.
—Ya no volverás, así que no te preocupes. Pero no debes prestarle atención, si alguien vuelve a decirte esas cosas.
—Si, mama.
La sonrisa de April fue todo lo que necesito para poder calmarse.
—Ahora, vamos a dormir.
Se despidió besando su frente, y apago las luces antes de cerrar la puerta.
Parecía como si hubiesen pasado meses desde que despertó en ese hospital, con una vida totalmente diferente de como la recordaba, a pesar de que han pasado solo días. Aun sentía un leve dolor en la cabeza por su herida.
Poco tiempo en el que ha sabido cuan drástico es el cambio, y también ha aprendido a cuidar de sus hijos.
Ahora, solo deseaba comprender el «por qué» del aislamiento de Zac. Sentía que le estaba ocultando algo, además de que ya era evidente que parecía que la despreciaba.

Ecos Del Pasado
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onlyylautner preguntó: ahora siiiiiiiiii, me encanta tu novela, es geniaaaaaaaaal <3

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loveinwondeland preguntó: hola me encanto el cap nessa esta cambiando para bien :D besitos ♥ tefiiiiiiiiiiii ♥

Besos para ti también, gracias!

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Capitulo 09

Segunda Parte

—No insistas. Prefiero que lo descubras sola. Ahora, presta atención, de lo contrario, tendremos un accidente. —Le señalo hacia al frente— En la siguiente calle, hacia la derecha. Casi llegamos.
Al final, decidió no insistir.
Cinco minutos después, llegaron. Una vez entraron al edificio, la recepcioncita, la cual parecía muy ocupada tomándose un capuchillo, mientras hablaba por teléfono, les saludo con una afectuosa sonrisa. Casi de inmediato, se disculpó, con quien fuese que estuviese hablando, y colgó.
—¿Vanessa? Por dios, cuanto tiempo sin verte, querida.
No mencionó nada de su amnesia, que raro, últimamente todos parecían estar enterados. Sonrío con amabilidad.
—Hola.
—Sam, ¿recuerdas cuando te dije que Vanessa sufrió un accidente? —La chica, que parecía responder al nombre de Sam, volvió su atención a Ashley y asintió despacio—Pues, Vanessa perdió la memoria y…
—¡Mi dios! —Exclamo la chica, llevándose una mano al pecho.
—Estará bien en unos días, no te preocupes. —La rubia pareció buscar algo en el lugar de trabajo de Sam— ¿Los cafés que te pedí…?
—En tu oficina. —Intervino la chica, con una sonrisa obvia.
Ashley le sonrío también, pero en forma de burla, y le hizo un gesto para que la siguiera.
—Que te recuperes Vanessa.
Antes de seguir a Ashley se volvió hacia la chica, y le sonrío.
—Gracias.
La rubia le condujo hacia las puertas dobles de cristales, las cuales mostraban a varias personas en movimiento. Algunas les saludaron, con una sonrisa y siguieron… con lo que sea que estuviesen haciendo. Mientras caminaba justo a Ashley, se encontró con varias maniquíes con vestidos de novia. No parecía haber ningún cliente, a la vista, de hecho, no se sorprendió por eso, era bastante temprano.
Al final del salón, que atravesaron, Ashley giro hacia la izquierda, luego a la derecha y otra vez hacia la izquierda. Hasta que finalmente se detuvieron en una puerta. Ashley la abrió, de inmediato, revelando lo que parecía una pequeña oficina, con un escritorio en el centro, una pc portátil, varios papeles desordenados, y dos cafés a un lado. Vanessa paseó sus ojos por el resto de la oficina con curiosidad. Había un archivero detrás del escritorio, dos sillas delante y un pequeño sofá que ocupaba el resto del espacio.
—¿Café?
Vanessa no se negó, aunque no lo necesitaba tanto como Ashley. Ella parecía cansada y sin muchos ánimos.
—¿Y bien? ¿En qué piensas que puedo ser útil?
Ashley adoptó, una sonrisa divertida, y sorbió un trago largo de su humeante café.
—Si prefieres, puedes quedarte aquí, ayudando a Charlie, o bien puedes venir conmigo. Tengo que visitar varios lugares con una pareja, para poder elegir donde se organizara el evento.
Sin duda no estaba de humor, para estar de un lado a otro. Eso seria cansado. Pero estar con ese Charlie, le parecía aterrador. A la única que conocía era a Ashley… y no debía de olvidarse de su hermana. La mayor de las brujas Jones, Harley. Se preguntó cuanto había cambiado.
—Yo preferiría que te quedaras con Charlie. Te llevas bien con él, así que no veo el problema, y no te preocupes en unos segundos te en cariñaras. Es un amor.
En ese instante, la puerta se abrió de tras suyo.
Al voltear, no se sorprendió al ver a la mayor de las brujas Jones.
—Disculpa Ashley, pero no me pude contener. —Al entrar y cerrar la puerta se le quedo viendo con una de esas sonrisas fastidiosas y maliciosas que tanto odiaba— Me dijeron que estabas aquí, así que tenía que comprobar por mí si es cierto lo de tu amnesia.
Parecía que los años no le habían envejecido tanto como creyó. Si hacia bien sus cálculos, Harley tenía, ahora, unos cuarenta y tres años. Y por dios, que parecía mucho más joven. Había unas pequeñas arrugas alrededor de sus ojos cafés, pero nada más. Esa sonrisa burlona que le caracterizaba, seguía allí. Seguía conservando el cabello de su color castaño natural, pero ya no era tan largo como recordaba. ¡Ah! Su cuerpo no había adelgazado, ni tampoco acumulo grasa. Seguía tan esbelto y curvilíneo, como el de antes.
Para definirla mejor, seguía siendo la fabulosa Harley Jones. Por cierto, ¿se habría casado, de nuevo?
—Harley. —La voz de Ashley estaba llena de advertencia.
—Tranquila, hermanita. Solo quiero comprobar si esta perra es capaz de fingir amnesia. Aunque, no lo dudaría ni un segundo, si fuese tu. Es una alimaña, capas de todo.
—¡Harley, maldición! ¡Ya cierra la boca!
—Solo digo la verdad. —Escupió con desprecio.
La actitud de Harley le sorprendió.
Ella no era conflictiva. Se respetaban una a la otra, ¿Cómo es que se atrevía hablarle de ese modo? ¿Qué hizo ella?
—Pues vete a decirlo a otra parte. Desde ahora, quiero que (por el amor de dios) no comiences con tus ataques hacia Vanessa. Ella perdió la memoria, no tiene con que responderte, así que se te será fácil.
—Te equivocas, yo…
—Vanessa estará por aquí unos días. Ayudándome a mí, y Charlie.
—¡Ah! ¿Y que crees que es esto hermanita? ¿Un refugio para indigentes?
—¡Arrg! —Gruño— ¿Por qué no te comportas como una mujer madura? Vanessa se quedara el tiempo necesario, y listo.
—No me lo has consultado.
—¡Tu haces lo que quieras, cuando me opongo a algo! ¡No tienes ningún derecho de venir a reclamarme nada!

Por el bien de Harley, estuvo serena todo el tiempo, e ignorándola cada vez que lanzaba uno de sus proyectiles venenosos.
Sí. Años atrás, pensaba que era una bruja… ahora era una autentica serpiente.
Resulto ser que era amiga de casi todos los empleados, quienes le saludaron afectuosamente. Charlie fue diferente, el hombre trató de manera cuidadosa, desde un principio. Pero a medida que las horas pasaban, la peculiar actitud del hombre fue surgiendo. 
—No le prestes mucha atención. Normalmente, no lo haces. —Le aconsejo.
Harley le miraba con ojos asesinos, casi todo el tiempo. No estaba acostumbrada a su actitud, prefería a la Harley despreocupada, que siquiera se molestaba en atacarla.
«¿Qué le hice?» Pensó, mientras ayudaba a Charlie en el ajuste de un vestido de novia. El hombre se movía con cara pensativa alrededor del maniquí como si fuese una obra de arte.
—No lo sé. —Respondió.
¡Ups! Pensó en voz alta.
Charlie le hizo señas para que le pasara las tijeras.
—Como te dije, no le prestes demasiada atención. Solo esta despechada. Aunque la comprendo, supongo que no seria nada agradable, darte cuenta que tu hija te desprecia. Pero si me lo preguntas, ella buscó.
Había sospechado esa posibilidad, era de esperarse. Harley nunca le importó su hija. Cuando peleó la custodia de Zadie, todos creyeron que era, porque se preocupaba como madre, cuando solo le importaba el dinero que podría recibir estando la niña con ella.

Al final, llego a ignorar por completo a Harley.
Gracias a la preocupación de Alec, por llegar tarde a su práctica de béisbol, el niño anotó su horario y el de sus hermanas, una vez salieran de clases.
En una hora tendría que ir por ellos, y llevar a Alec a su práctica de béisbol, a Noah al ballet y April… ¿practica de futbol?
Nunca hubiese imaginado que la niña podría ser capas de practicar el deporte. Parecía una niña tan frágil, y… No. Definitivamente, Alec tendría que estar equivocado.
Después de cumplir con dicho horario, visitaría a la madre de Zac. Pero antes, tendría que esperar a que Ashley terminase de su trabajo.

A pesar de que Harley estuvo fastidiándole la vida, toda la mañana, no la paso tan mal. ¿Cómo iba a hacerlo? Charlie era un excelente compañero de trabajo, además de que tenía un humor contagioso. Era bastante gracioso escucharlo hablar de sus aventuras amorosas. Si no fuese por la increíble confianza que sintió por él, se sentiría incomoda. Hasta podría decir, que le era interesante escucharlo, tomando en cuenta que era homosexual. Charlie tomaba la mayor de sus tragedias, como algo sumamente gracioso. Lo cual, le hizo desear tener esa peculiar forma de ver las cosas.

Desde que fue en busca de los niños a la escuela, se percató de la cara de pocos amigos que tenia April. Parecía molesta, y lo confirmo en todo el camino. La niña estaba tan callada. Le era imposible creer que no estaba atacando a su hermana, por cualquier cosa que decía.
Nicole al igual que Noah, tenía clases de ballet, y cuanto dejaron a Alec en su práctica de béisbol, se dirigieron a la práctica de futbol de April.
—April. Cariño, ¿qué sucede? ¿porqué esa cara?
Vanessa se volteó, en el asiento del copiloto, para poder ver a la niña que mantuvo su cabeza baja en todo el camino.
No le contesto, solo se encogió de hombros. 
¿Qué haría en este caso? ¿Insistiría hasta que le hablara? O ¿Tomaría eso como una señal de que no debería de darle importancia?
Busco la mirada de Ashley, quien conducía, en busca de ayuda. Y al igual que April, se encogió de hombros, haciéndole saber que no tenía idea de lo que le sucedía a la niña.
—¿No te sientes bien? —El silencio, volvió hacer su respuesta— Mi amor, por favor, dile a mama lo que te sucede. Me estás preocupando. 
No se le ocurría otra cosa que decir.
Segundos después, la niña le miró. Sus ojos profundamente azules, expresaban una inmensa tristeza.
—No me obligues a ir, mama. 
Se escuchó, y se vía tan vulnerable, que le hizo sentir una profunda opresión en el pecho.
—¿No quieres ir a la práctica de futbol? —Negó con energía— ¿Por qué?
—Es que… es que, no me gusta. 
No le convenció. Aunque parecía la verdad, tenía la certeza que April no se pondría de esa forma solo por eso.
La niña bajo la cabeza, nuevamente, y retorció nerviosa sus dedos.
—¿Por qué no te gusta?
—Tú siempre me obligas a ir. Las niñas son… —Hizo silencio por un momento, como si estuviese pensando si decirlo, o no— no les agrado.
Bien, eso le parecía suficiente razón.
Podía imaginarse porque no quería ir. Sabía a la perfección lo que quiso decir eso. Quizá las niñas eran crueles con ella, aunque no podía comprender porque. Además, no le importaba, si April no le gustaba ir, y las niñas le hacían burlas crueles, ¿Por qué obligarla?
Ya después hablaría con Zac para que avisara de que la niña no volvería a la práctica de futbol. 
—Entonces, no volverás.  —Sintió la sorprendida mirada de April, y Ashley sobre ella. — Pero después tendremos una conversación, al respecto. —Añadió. 
—¿Me llevaras con papa? 
Vanessa frunció el ceño. 
—¿Quieres que te lleve con él?
No se esperó que el rostro de la niña mostrara un auténtico disgusto ante la idea.
—No quiero. Estará con…
—Zac estará ocupado Vanessa, vendrá con nosotras. —Interrumpió Ashley, casi de inmediato.
Era cierto que apenas le tenía confianza a Ashley, pero tuvo la certeza de que la mujer estaba tensa, y quiso evitar que April dijera algo. Pero… ¿qué?
Continuará…

Ecos Del Pasado
Original story of Tumblr Preeciouss



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