Capitulo 12
Primera Parte
En realidad no sabía si Alex estaría en casa, siquiera le llamo a Ashley para avisarle. Solo contaba con su instinto, y rezaba para que no le fallara. Necesitaba imaginar, por unos instantes, que todo estaba bien con su hermano. Era el único quien podía escucharle, y tal vez ayudarle a recordar. Sentía confianza con Ashley, pero en su mente su único y eterno amigo era Alex. El otro día, le dijo que tenía que permitir que Alex pueda acostumbrarse a la nueva relación que llevaban. Pero, ¿qué tanto tiempo le llevaría? ¿y como iba a acostumbrarse si ella se mantenía alejada?
No solo necesitaba que le aclarara algunas cosas, sino también, que un abrazo de su parte, podría hacerle de mucha utilidad.
Parecía que la suerte estaba de su lado. Vanessa sonrió feliz, al ver un auto aparcado fuera de la casa. Al menos había alguien en casa. Se acercó a la puerta, sintiéndose nerviosa. Los mismos nervios de hace años, cuando tan solo tenia quince años, y por primera vez los Tyler le trajeron de visita. En esos años ella siquiera se imaginaba que la adopción iba completarse. La fe de un niño podía perderse fácilmente, cuando veía a muchas parejas interesadas, pero luego de la tercera o segunda visita, decidían no adoptar.
Al tocar el tiemble, se recordó que esos años, deberían estar apartados de sus pensamientos. Ya no formaban parte de su vida, y aunque le era imposible borrarlos, tenía que tratar de alejarlos, porque solo le traían dolor de heridas ya cerradas.
—¿Vanessa? —le miro con las cejas alzadas, parecía sorprendido.
Se vio sin la capacidad de pensar en algo y decirle. Tal vez, había pensado que le abriría la puerta con una gran sonrisa de bienvenida, o simplemente le miraría con desaprobatoria y le diría, antes de desaparecer por el pasillo; «¿Cuántas llaves has perdido este ultimo mes?»
Vanessa dejo escapar una risilla, inconsciente al recordar lo torpe que era con las llaves, siempre las perdía. ¿También en eso había cambiado?
—Oye, no te burles, se que no estoy vestido adecuadamente para recibir visitas, pero, no suelen visitarme tan temprano. A excepción de una loca hermana que tengo.
Hasta ese momento, en que lo menciono, fue que se detuvo, y se fijo que solo llevaba unas bermudas florales, que siquiera le llegaban a las rodillas. Lo cual le hacia deducir que estaba limpiando la piscina. No cambiaba los hábitos, a pesar de los años.
—De ninguna manera. —negó, reprimiendo las enormes ganas de reír. —No estoy burlándome de tus lindas bermudas.
Alex le miro con una ceja arqueada, claramente desconfiando.
—Prefiero que te rías, a que te ahogues. Adelante, búrlate.
Antes de que terminara de hablar, Vanessa estaba riendo a carcajadas. Alex le empujo a dentro y cerró la puerta. Le miro luchando por parecer molesto, pero solo consiguió terminar riendo junto a ella.
—Extrañaba ese sonido. —le dijo sonriente.
Ella le miro igual de sonriente, y feliz. Por un momento, pensó que esa barrera entre ellos, no existía, y al mirarle a los ojos supo que ese algo, que los separaba solo estaba en su imaginación. Era obvio, que Alex seguía siendo el mismo, fue ella que cambio.
—Yo extraño todo. —replico, sin perder la sonrisa.
Sin verlo venir, le atrajo hacia él y la cubrió con un abrazo. No perdió un segundo, se aferro a su abrazo, queriendo sentir que estaba allí. Que seguían apoyándose, uno al otro. Las lágrimas no salieron, como pensó. Al contrario, una enorme felicidad se apodero de ella. Entonces, escucho una suave risa, provenir de su garganta.
—Hoy planee visitarte. —comento Alex, sin soltarla.
Más que nada, sorprendida. Vanessa se deslizo lejos de él, para mirarle a los ojos.
—¿Para que?
—No me mires de esa forma. No lo hice antes, porque… —dudo— bueno, quería darte tu espacio, y esperar hasta que te recuperes.
Vanessa deseó regañarle por esa decisión, pero, no lo hizo, no fue el mejor momento para pelear.
—¿Hoy no trabajas? —cuestiono, olvidando el tema, al menos por ahora.
—Día libre. —Respondió.
—Ashley, no esta supongo.
Alex le miro con una pequeña sonrisa y comenzó a caminar por hacia la sala, diciéndole;
—Un día de estos, voy a enojarme, y mucho. No importa que nivel de amnesia tengas, siempre vienes porque quieres ver a Ashley. —no parecía enojado, pero si decepcionado.
—No seas idiota. —replicó, y le siguió— Vine a verte, solo pregunte por Ashley.
Vanessa le hubiese seguido caminando tras él, pero cuando llego a la sala, sintió entrar en otra casa. Era evidente que ya no era la casa de sus padres. Eso debió imaginarlo, sin embargo, detenerse a mirar todo su alrededor era imposible.
La decoración de su madre había sido básica, ahora parecía que un decorador había hecho toda una remodelación. No había esa multitud de cuatros en la repisa de la chimenea —la cual nunca se usaba—, los muebles tampoco eran los mismos… para ser menos detallista, todo cambio. A excepción del pequeño rincón, a un lado de la chimenea, el cual siempre estaba vacío esperando otra navidad para estar ocupado por un enorme árbol, cargado de decoraciones y luces.
Unos de las pocas fotografías de la repisa, llamo su atención. Y se vio tomando el pequeño marco entre sus manos, amando ver una de las tantas imágenes de ellos, con sus padres.
—Me alegra que hayas conservado la casa. —dijo, sabiendo que su hermano estaba tras suyo.
En respuesta, Alex soltó una carcajada entre dientes.
—Amenazaste con castrarme, si me atrevía a vender. Quería hacerlo, para darte la parte que te corresponde, pero te negaste aceptar, siquiera, un centavo.
Vanessa sonrió orgullosa de haber tomado esa decisión. Era lo que hubiese hecho exactamente, en ese instante si le propusiera lo mismo.
—Aun así, la casa sigue estando a nombre de ambos, al igual que la casa en el lago. —añadió.
—Mama odiaba esa casa. ¿La conservaste?
Vanessa dejo la foto en su lugar, y volteo a mirarlo. La mayoría de los veranos su padre les llevaba a su pueblo natal en Essex, Massachusetts. Ella por su parte amaba esa casa, pero su madre no tanto. Siempre quiso convencer a su padre para que construyeran y remodelaran la casa, pero este nunca cedió.
—Ambos estuvimos de acuerdo en no vender, y remodelar.
Sonrió, de tan solo imaginarse como estaría todo ahora. Sin duda, habían tomado buenas decisiones, en dejar todo tal cual querrían sus padres.
—Por cierto, ¿fuiste algún medico? No me parece que sea conveniente permitir que el tiempo pase, sin consultar algún especialista. —le dijo, cambiando drásticamente, tanto, el tema, como de humor. Su rostro se endureció por la preocupación.
—Estuve pensado lo mismo, y pienso ir hoy.
—Iré contigo.
Vanessa no replico. Tanto su hermano como ella, sabían lo mucho que le afectaba ir sola al doctor. Cuando duras dos años en terapia llega asustarte esas cosas, o simplemente, acostumbrarte.
No tomo asiento, espero veinte minutos, a que Alex se vistiera, observando cosas o simplemente viendo algunas de las fotos de Nicole y Ashley. Al verlo, tuvo la sensación de que todo había vuelto a la normalidad.
—Después de acompañarte, iremos de compras. Tengo una enorme lista de comestibles, que Ashley me encargo. Luego almorzaremos, e iremos por los niños a la escuela.
Alex camino hacia la cocina palpando las llaves en sus pantalones, como si estuviese recordando que estaban allí. Le siguió.
—¿Es tu día de ser la Mama? —bromeo.
No se molesto defenderse. Tomo una hoja que estaba pegada al refrigerador, y se encogió de hombros, cuando la entró en uno de sus bolsillos.
—Bueno de hecho, si. —admitió.
Vanessa se burlo a carcajadas. Su hermano le miro, reprendiéndole, y luego le tomo del brazo haciéndola caminar, hasta salir de la casa.
—Tus llaves. Yo conduciré. —le dijo.
En cuanto hizo lo que le ordeno, volvió a tomar su brazo y guiarla hasta el auto.
Luego de un rato de mirarle conducir, decidió hablarle, de lo que le consumía la curiosidad, desde el momento que supo que Ashley… la bruja menor de las Jones, era esposa de Alex.
—¿Cómo es que se conocieron?
Alex frunció el ceño, confundido.
—¿Quiénes?
—Ashley, ¿cómo la conociste?
Casi al instante, consiguió que su hermano sonriera. No era una sonrisa común. De ninguna manera. Era como si estuviese mirando alguna sirena cautivadora, en vez de la carretera. Un segundo después, una pequeña carcajada resonó desde su pecho.
—Casi le atropello. —explico.
—¿Y…? —insistió.
Alex volvió a reír. —Ella se lastimo el tobillo, y la lleve al hospital. Luego insistí en llevarle a su casa, hablamos, reímos…
—Y te acostaste con ella. —concluyo Vanessa.
Conocía a la perfección a su hermano. Por lo cual, no le parecía extraño, ni sorprendente que se acostara con una mujer el primer día de conocerle. Fueron muchas las chicas que conoció, y con las cuales no llegaba a durar un año de relación.
Alex sonrió, y se rasco la mejilla. Tuvo razón, se acostó con ella.
—Eso no es de tu importancia, pequeña. —replico.
Apretó los labios en una dura línea. Había escuchado eso miles de veces, preguntándose si seria igual, si tan solo sucedía lo contrario. ¿Le importaría?
Vanessa solo pudo responder esa pregunta el día en que decidió presentarle a Zac. Ella sabia que fue una mala decisión presentarlo, después de seis meses, solo poco tiempo después de que, el mismo, le pidiera matrimonio. Alex se había vuelto loco de rabia, busco todo tipo de escusas para —segundo él— hacerle entrar en razón. Al final, solo lo acepto previamente.
Hasta donde su cerebro recordaba, la única vez que esos dos estuvieron de acuerdo en algo, o hablaron sin formarse una guerra de palabras entre ellos, fue cuando el infeliz de su jefe llego a tocarla.
Cuando su profesor le ofreció un puesto en su firma de abogados, nunca sospecho la verdadera razón. Tal vez, lo sospecho en su mirada, o en las insinuaciones que hacían sus compañeras de clase al respecto, pero nunca lo tomo enserio.
Llego a casa muy cansada, recordó. Había tenido varias entrevistas de trabajo, sin ningún éxito. Solo quería dormir, no antes de probar de esa rica comida china que su hermano había ordenado para ambos.
Al entrar, descalzo sus pies y camino con los tacos en mano hasta la sala. Unos segundos antes de entrar, escucho voces, pero imagino que era Alex hablando por teléfono o viendo la tv. Sin embargo, al ver a Zac sentado en el sofá justo a su hermano, le dijo todo lo contrario.
Lo que sea que estuviesen hablando, fue interrumpido en su llegada. Ambos se pusieron de pie, y le miraron. Vanessa se sintió avergonzada de haber sido descubierta, le había dicho a Zac que estaría en su departamento, descansando de un largo día de trabajo, cuando la verdad era que estaba sin trabajo, y viviendo en casa, con su hermano mientras resolvía sus problemas.
No obstante, Zac no le miro de la forma que esperaba. Estaba enojado, eso podía verlo, pero algo le dijo que ese enojo no estaba dirigido a ella. Entonces, fue que supo que algo andaba mal. Muy mal.
Alex nunca hubiese estado tan tranquilo con Zac cerca. Miro a su hermano, buscando una respuesta, pero se encogió de hombros, y quien hablo dándole una clara respuesta fue Zac.
—¿Por qué no me contaste?
Todo su cuerpo tembló violentamente. Sus ojos se mantenían fijos en ella, suaves, mientras esperaba una respuesta. Pero Vanessa estaba muy ocupada en tratando de comprender.
Alex le contó. ¡Maldición! ¿Por qué había hecho eso? Se suponía, que Zac no era de su agrado.
—¿Por qué lo hiciste? —cuestiono, buscando la mirada de su hermano.
—Esto es algo bastante grave, y hubiese sido peor quedarme callado. Además, te vas a casar con Zac, lo mas razonable era que el lo supiese.
Vanessa lo sabía. Pero la vergüenza la consumía. Además, ¿para que preocuparlo?
—¿Pensaste ocultármelo?
Sus ojos se cerraron y bajo la cabeza. Cuando volvió a mirarle tenia a Zac a solo unos centímetros de su cuerpo, y Alex había desaparecido.
—No quería ser una preocupación.
El azul de su mirada llameo de pura rabia. Antes le había asustado esa reacción, pero estaba, un tanto, acostumbrada. Sin embargo, no en todas las ocasiones la reacción era la misma. Ella sabia como se sentía, al menos podía imaginarlo.
—Tú no eres la preocupación. —le dijo. Su voz muy oscura, y ronca. —Ese bastardo es el que debería preocuparse por su vida.
Un nuevo estremecimiento sacudió su cuerpo. Sus ojos le decían de lo que exactamente era capaz, no tenia porque preguntarle.
—Zac… mi amor, las cosas no son tan…
Sin verlo venir, le tomo de los hombros, apretando su agarre, solo un poco.
—Dime que no te toco, y no le haré nada. Saldrá ileso de todo esto. —le prometió.
Aunque se dijo que lo mejor era mentir, se negó hacerlo. ¿De que serviría? El hombre conocía como y cuando mentía. Podía leerlo en sus ojos. Su mirada exigía una respuesta, pero, permaneció allí, mirándole.
—¡Maldición, lo hizo! —gruño, bajo.
Había pensado, hasta el momento, que Alex le había contado, todo con lujo y detalle, justo como lo hizo ella, mientras lloraba temblorosa de puro miedo.
—Pero no se lo permití. Logre defenderme.
Y lo hizo. El asqueroso y repugnante de su jefe, pensó que podía intercambiar un aumento de puesto en la firma de abogados por un revolcón. O al menos eso fue lo que ella interpreto, cuando su mano llego a su muslo.
Casi se congeló, y maldijo haber elegido una falda para ese día. Había mirado con calma aparente, como esa rugosa y pecosa mano subía, lentamente por su pierna hasta su muslo. Entonces, justo cuando tuvo el conocimiento que no iba apartarse, lo hizo ella. Salto de su silla, lejos de él. Su mirada nunca se aparto de esos ojos lascivos, a pesar de que todo su cuerpo estaba encerrado en el pánico. Salir de allí, fue su primera misión, pero fue frustrada. El hombre la alcanzo, tomándola del brazo y aplastando su cuerpo, violentamente, contra el suyo.
Las nauseas, se atascaron en su garganta. Sintió la excitación del hombre presionar la parte baja de su vientre. Deseo gritar, pero el grito quedo atrapado en su garganta. Trato de besarla. Promocionó sus labios en los de ellos, y su lengua presionó contra ellos. Su olor, la humedad babosa de su boca, la sensación de su cuerpo junto al de ella, todo le deseo vomitar. Quiso hacerlo en su cara, pero no pudo, estuvo muy ocupada forcejeando contra él.
Consiguió morder su labio, y eso le dio suficiente tiempo para huir hacia la puerta, pero igual volvió atraparla. Esta vez, no tenía escapatoria, la acorralo contra la puerta, sin nunca delicadeza. La fuerza que utilizo le hizo jadear y gemir de dolor.
«Eso es.» le dijo en voz baja. «Te gusta las cosas difíciles» Al parecer había tomado sus quejidos como una reacción positiva. Pero, igualmente, lucho y logro acertar una patada a su hombría. Fue como huyo de esa pesadilla.
Desde entonces, —tres días, exactamente— busco cualquier escusa para no verse con Zac. Había querido un poco tiempo, para tener su vida en orden, y no se diera cuenta de lo que sucedía.
Sin embargo, ocultarlo no había sido la mejor estrategia. Zac temblaba de rabia, podía sentirlo bajo su toque. Odiaba esa mirada. Que dios le ayudara, pero el deseó febril de besarlo calentó su cuerpo. Quería borrar esas ideas, que sabia, se estaban formando en su cabeza. Quería borrar, sus propios pensamientos. Aquel horrible momento.
Vanessa dejo caer su calzado al suelo. Lleno el espacio entre ellos, y permitió que sus dedos palparan los calientes músculos bajo su camiseta, mientras que subía sus manos por su pecho hasta su cuello. No aparto sus ojos de los suyos. Zac parecía como el hierro, inmóvil. Hasta que hundió sus dedos en los cabellos de su nuca y busco el placer de su beso.
Tan pronto como sus labios se tocaron, Zac le apretó contra su cuerpo, y tomo su boca sin previo aviso. No fue lento ni moderado. Su lengua entro en su boca de una sola embestida, y busco su respuesta. Exigiendo, y dirigiendo, el movimiento de sus labios. Siempre le había parecido un hombre posesivo, pero la manera en que la tomaba, le apretaba contra su cuerpo, haciéndole saber que tan afectado estaba por ese beso, era completamente nuevo. Era como si quisiera marcarla de alguna forma.
Y lo hizo. Una bruma que ahogo toda lógica, se extendió en su cerebro. Se entrego, tal y como lo exigía. Mucho antes de sentir su erección, su cuerpo ya temblaba, caliente, excitado por su toque.
—Ese bastardo va apagar por lo que hizo. —juro. Volvió a besarle, pero luego se aparto, besando con cuidado sus labios exquisitamente maltratados. Entonces, le miro a los ojos. —Eres mía.
Su gruñido vibró en todo su cuerpo, y tembló. No fue tanto por el miedo de lo que podía ser capaz de hacer, si no por la reacción de su cuerpo ante eso. Debió de horrorizarle esa posesión, pero no lo hizo, al contrario, una deliciosa carga de excitación se desplegó por en ella.
Cinco días después, Vanessa se dio cuenta que no bromeó cuando le dijo aquello. Le llamaron a declarar ante la corte, por el acosamiento sexual a que fue sometida. Y no solo estuvo su declaración como prueba, sino también, el vídeo de la sala de juntas donde le mostró a todo el mundo la verdad de lo que dijo. Zac miro el video con el rostro endurecido, pero satisfecho. ¿Cómo no iba a estarlo?
Su ex jefe estaba esposado, y con varias contusiones en el rostro. Parecieron de varios días, y creía saber quien era el culpable de todos esos golpes.
Nunca antes se había sentido de esa forma. Como si estuviese acostumbrada a estar en el hospital… bueno, lo estaba, pero cada vez que estaba dentro, comenzaba a sudar y ponerse nerviosa. Pero, no lo hacia. Era como si hubiese superado, ese miedo irracional.
—Todo parece estar en orden. —afirmo el doctor.
Vanessa se movió en la camilla, sintiéndose incomoda después de media hora, en las que el doctor, reviso la herida que ya sanaba en su cabeza, y le hacia preguntas como; «¿Cómo se llama?» «¿Qué edad tiene?» «¿Qué día es hoy?»
Esas preguntas le hicieron doler la cabeza. Alex, quien estaba de pie a su lado, miro al doctor con el ceño fruncido, esperando que el mismo terminara de anotar en su ficha clínica.
—¿Qué me dice de su memoria? —aprecia inquieto.
El doctor le miro atreves de sus lentes y esbozo una sonrisa.
—Este tipo de amnesia suele ser pasajera, además, mencionó que ha recordado varias cosas, por lo que, solo será cuestión de tiempo, que vuelva a la normalidad.
—¿Hay posibilidad que pueda quedarse en ese estado? —luego de hacer la pregunta, Alex le miro por un momento y luego al doctor. Estaba preocupado. Cosa que no le gustaba. Ella estaba asustada, y con Alex preocupado no le daba ningún aliento, confiar en que todo estaría bien.
—Suelen suceder casos, que la mente olvida, como una forma de autoprotección. Solo porque quiere, para protegerse de la realidad a la que, no quiere ser sometida.
Vanessa dejo escapar una risilla nerviosa.
—¿De que querría protegerme?
El doctor le miro, volviendo a sonreírle.
—De algún miedo, quizá. —se encogió de hombros— Suelen ser traumas infantiles, también.
No se atrevió a devolverle a la mirada a Alex. Sentía los ojos del mismo sobre ella, examinándola, como si supiera exactamente lo que le sucedía.
—Le sugiero que piense. Pregúntese, a que le teme más y quizá encuentre la respuesta. De momento, le indicare algunos medicamentos, y después de dos semanas venga a verme.
Las palabras del doctor estuvieron en su mente, en todo el camino, al auto. Alex no mencionó nada, gracias a dios. Ella misma, se sentía bastante perturbada por esas palabras, necesitaba distraerse. Y fue lo que exactamente hizo su hermano, hablándole de puras tonterías.
Continuará…
(Fuente: preeciouss)

